Sin techo y sin demagogia

13 de marzo 2026 - 03:06

El problema de las personas sin hogar en Cádiz no es nuevo. Ya se planteó muy seriamente en los tiempos de Kichi como alcalde. Recuerden lo que sucedió en el Balneario de la Palma, las polémicas por el albergue, etcétera. Sin embargo, es cierto que la situación se ha agravado en los tiempos de Bruno García como alcalde, y también es verdad que la presión de la izquierda gaditana ha aumentado, al no estar ya en la Alcaldía uno de los suyos. Es un problema grave. Y se debe resolver. Pero será imposible si no se alcanza un pacto municipal que busque la solución y evite utilizarlo con fines políticos.

Lo primero sería prescindir de la demagogia y el populismo morboso. Han muerto cinco personas que vivían al aire libre. En un periodo que coincidió con temporales y frío. En esas circunstancias, estar en condiciones inhóspitas no es soportable para un ser humano. Pero, en ese periodo, han muerto también otras personas en Cádiz bajo techo. El principal requisito para morir es estar vivo; y si sufres enfermedades que no están siendo atendidas, es más probable que te mueras, sea al aire libre o en un albergue. Circunstancias que se deberían valorar tras autopsias, pues no es lo mismo morir por frío que por una enfermedad previa, incurable o no curada.

Pero el gran problema de fondo es la situación individual de esas personas. Y para mejorar hay que conocerlas. No se trata sólo de elaborar un censo de los que viven en las calles, sino de analizar cada caso. Se sabe que muchos están en esa situación de indigencia por pobreza y porque no pueden tener un hogar. Y que hay otros que malviven así porque han elegido una vida de vagabundos, incluso van de ciudad en ciudad, por circunstancias diversas. Hay personas con problemas psicológicos graves, inadaptados sociales, etcétera. Es necesario aumentar las plazas, y se mejorará con la reforma y reapertura del albergue municipal. Pero no pueden ser ilimitadas ni permanentes. Y además influyen dificultades de convivencia y adaptación.

En Cádiz, no se sabe por qué, este problema es mayor que en otras ciudades andaluzas. Hay asociaciones eclesiásticas y civiles que practican la solidaridad y la caridad bien entendida con esas personas. Pero se ven superadas. Es un problema de ciudad, por tanto municipal. Y no sólo del equipo de gobierno. La oposición debe asumir responsabilidad (menor, por supuesto, pero también) para ser una parte de la solución y para no echar más leña al fuego, sino para buscar entre todos que las noches sean menos duras al relente de las calles.

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