¡El rey va desnudo!

10 de marzo 2026 - 03:05

Resumo. Andamos metidos en uno de los mayores atentados contra el orden mundial y el derecho internacional de los últimos tiempos y todo lo que se les ocurre decir a algunos (demasiados), incapaces de contradecir esta verdad, es que eso no importa tanto. A un jefe de gobierno en toda Europa, Pedro Sánchez, se le ocurre hablar claro y lo que cosecha del bando de siempre es una acusación reforzada de electoralismo. Cualquier ingenuo pensaría que si su oposición al uso de las bases para atacar Irán le da votos es porque la mayoría del país, o una buena parte, piensa que es acertada. Y si es acertada, tiene a gran parte del país detrás, y da votos, ¿por qué no adopta la oposición la misma postura?

He leído y oído muchas veces en estos días que el presidente recurre a un eslogan antiguo y vacío, porque cualquier persona decente está en contra de la guerra, pero yo no he escuchado a tantos dirigentes en este país proclamarlo a los cuatro vientos. O a lo peor es que no hay tantas personas decentes por ese lado. Mal andamos si la decencia y los apelativos de “socios horribles” en este mundo la marcan personas tan ‘decentes’ como Donald Trump y Benjamin Netanyahu, que a este paso lograrán que les den el Nobel de la Paz a cañonazos, aunque sea por su ‘sincera’ preocupación por la democracia y los derechos de la mujer bajo el sin duda abyecto régimen de los ayatolás. Quién sabe si el próximo amenazado de bombardeo será el Comité de Oslo.

Parece, en cambio, que la mayoría de los españoles, esta vez sí, están de acuerdo con Sánchez, y que, según las encuestas, también lo están los estadounidenses. Se le recrimina al líder español que haya enviado una fragata a las cercanías del escenario de guerra un día después de su proclama pacifista, obviando interesadamente que en esta ocasión se hace caso a una petición de un socio europeo amenazado, Chipre. Hasta se manipulan vídeos poniendo palabras no dichas en boca de la ministra de Defensa española, con tal de demostrar las supuestas mentiras socialistas. Pero, pese a los esfuerzos, no hay forma de ocultar la realidad.

El mundo ha girado tantas veces y tan rápido que ya el malo del cuento no es el rey que luce su supuesto vestido de oro invisible ni tanto súbdito acobardado, sino el que grita que va desnudo. Hay un coro de gente dando cates al niño que proclama lo que simplemente ven sus ojos y acusándolo de buscar protagonismo. Una multitud de pelotas se ha confabulado para abroncar al que señala la desnudez, tal vez avergonzados de su propia cobardía, aunque admitiendo en su interior la incontrovertible verdad del señalamiento al emperador de Occidente.

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