Tener Punch

01 de marzo 2026 - 03:07

Ya conocen la preciosa historia de Punch, el pequeño macaco del zoológico de Ichikawa, en Japón. Los vídeos saltan por las redes de pantalla en pantalla como un Tarzán 2.0. La cría fue abandonada por su madre, vete tú a saber por qué, y los demás miembros de la manada se sumaron miméticamente al rechazo. Antes de juzgar con severidad humanocéntrica a la madre macaca, pensemos que no abortó. El final feliz de esta historia nace del nacimiento de Punch. Entre los humanos, hay quien dice a veces con una compasión rara: «Para la vida que va a tener, mejor no dejarlo nacer». Aquí se ve bien que no es el caso.

El diminuto macaco se ha hecho famoso porque se ha rebelado contra el destino, como hacen los héroes, y se ha buscado una madre de peluche. Es la monita Djungelskog, diseñada por Ann-Cathrine Sigrid Ståhlberg y que se vendía en Ikea hasta que se ha agotado. Mi hija la tuvo de pequeña, pero yo entonces la minusvaloraba. Punch, gracias a esta compañía virtual, ha encontrado quien le cuide y le permita sortear el sentimiento de orfandad. Los etólogos están entusiasmados: la cría se hace acariciar por el peluche con bastante naturalidad y lo lleva como si le llevase a él, en un bellísimo juego de espejos. Lo espulga y es el súmmum del cariño.

Me he aplicado el cuento. Mi situación no es la del admirable Punch, pues me he pasado la vida rodeado de cariño. Escribo esta frase y pienso en mis abuelos, pero también en mis padres, mis hermanos, mis amigos, mis compañeros, mis maestros y ahora, incluso, mis alumnos, que a estas alturas de curso ya se han percatado de quién necesita su auxilio y lo ofrecen. Mi papel no es el de Punch, sino el del peluche.

Si cualquiera de ustedes tiene dudas sobre si será o no un buen padre o una buena madre o un buen amigo o un buen profesor, piense en Djungelskog, aunque sin necesidad –gracias a Dios– de pronunciarlo. Si un peluche de felpa ha podido ser una madre bastante eficaz y cariñosa, ¿qué no podremos ser nosotros de nuestros hijos y alumnos? Ellos también sabrán llevarnos llevándolos. No nos hagamos bola con una autoexigencia tan exquisita que acabe en excusa barata. En ninguna relación: con los hijos, con los amigos, con los cónyuges. Con estar, aunque sea ligeramente flácidos, ya estamos. Con que Punch nos tenga, ya tenemos punch.

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