desde mi cierro

Pedro G. / Tuero / Gontu66@hotmail.com

La princesa, el guisante y la rana

COMO aquella princesa del cuento de Andersen, que gracias a un guisante en su cama acabó casándose con ese príncipe buscador y ansioso por encontrar a una verdadera princesa de sangre real, así no hace mucho, y lo que vendrá, ha ocurrido hace unos días en la gobernanza de nuestro Ayuntamiento popular. O, como el otro cuento en donde el fiel criado Enrico fue desatado de aquellos lazos de oro que lo habían anudado cuando su señor y príncipe fue encantado y convertido en rana por un hada malvada y, que una vez desencantado, casó con aquella niña princesa que se lo había encontrado al buscar su pelota de oro. Cuentos de princesas que la historia literaria de narraciones y fábulas nos ha ido mostrando desde hace tanto para regocijo de muchos y de enseñanza para otros. Historias fabulosas que siempre al final -si son verdaderamente provechosas- contienen una moraleja. Si son bien leídos y entendidos, que de estos -desgraciadamente- no hay muchos.

Por eso, como le decía -mi olvidado lector-, en este popular, y adosado andalucista ayuntamiento de hoy, hay princesas, guisantes y ranas. Y no lo digo por sus físicos parecidos, sino por sus pérfidas maneras de actuar. Guisantes que incomodan entre sus sábanas a la princesa cuando duerme, y ranas mentirosas que, debido a su ideológica hada malvada, croan y destilan malas formas cuando aparece, actúa y decide la municipal princesa. Mujer inteligente y activa, que aquellos "griñanistas" y "conrados" disfrazados de guisantes, no le desean tantas competencias e incumbencias permitidas, porque nuestro plenipotenciario alcalde así lo decidió. Responsable de Fiestas y Turismo, además de tercera teniente de alcalde, de Empleo, Fomento, Comercio -que ella sabe-, Formación, Mercados -que ahí te veo Conrado-, Venta ambulante y Directora de la Oficina del Emprendedor. Comisionada de casi todo, princesa sin príncipe, que vive en un mundo cochambroso y mugriento, y que alguna vez demostrará cuál es su verdadero encanto. Aunque encantada de por sí, el guisante le molesta y la rana le miente. Munícipe femenino que sabe comerciar, que baila al son del vaivén de mercados ambulantes y sedentarios, y que entre dimes y diretes sabe fomentar y emprender. Edil que sabe lidiar con Raposo, Nieto, Martínez y Romero, aunque en el cartel taurino de Feria no esté Antonio Fernández, torero de verdad y que de él pronto nos acordaremos, supongo que algún gusarapo cercano a su reino le habrá mal aconsejado.

Y así es el cuento de cada día, hoy de princesas y mañana de monstruos y quimeras. Aunque esta Isla siga igual. Pero todo fue porque el otro día, estando este escribidor entre visillos tratando de interpretar un principesco cuento de los de siempre, pasó por delante de mi cierro la concejal Cristina Arjona, y me quedé obnubilado. Colorín, colorado…

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