La colmena
Magdalena Trillo
¡Es el petróleo, estúpido!
Qusiera hacer un texto muy complejo, difícil de entender, incluso farragoso, abundante de citas y notas a pie de página, misterioso en tanto no sabría explicar bien los interiores de esto que está pasando ya en Venezuela y de lo que habla todo el mundo. Cuando estuve en Caracas me llamó la atención la belleza nocturna del Monte Ávila desde el piso no sé cuántos del Caracas Hilton, donde tenía mi habitación. Las laderas eran como si un cielo estrellado se hubiera instalado allí. Cuando fue amaneciendo, el sol descubrió la inmensa mugre de los ranchitos, así llamadas las casuchas construidas con cartones y tableros de madera y de chapa. Me dijeron del día en que bajaran todos a la capital de uno de los países más ricos del mundo. Me dije que qué significaba ese “más rico del mundo” con tamaña desigualdad, tamaña extensión de la pobreza extrema. En aquella Venezuela inmediatamente anterior a Chaves, las calles eran avenidas y los coches eran aparatosos, grandes, costosos; pero un galón de gasolina valía bien poco, “es nuestra, me dijeron, lógico que nos cueste poco”. Sobre aquel país inestable, anti yanki esencialmente, que venía de dictaduras, cayó la sombra del populismo, una forma de “lo que nos faltaba”, que no daba tiempo a la construcción de una república democrática y liberal, que propugnaba un grupo de universitarios educados en el exterior, fundamentalmente en Europa y en los Estados Unidos. De allí para ahora es bastante conocida la apariencia, porque fueron sucediendo las cosas delante de nuestros ojos, me refiero a los “exprópiese” y a la charanga de un presidente de la República hablando de pajaritos en la ventana y gritándole bravatas al presidente del EEUU. Pero sobre todo a lo que no se veía pero nos decían que estaba ocurriendo, concretamente a las torturas y violaciones del Helicoide, la violencia del Estado contra los opositores al Gobierno y, fatalmente, el fraude electoral clamoroso. El interior del volcán que siempre ha sido Venezuela, con la intervención de la las fuerzas militares de los EEUU, no para de dar muestras de lo paradójico, de lo incomprensible. Hace bueno lo que se dice: todo puede empeorar si se da una patada a la Colmena. Pero veo que no llego ni a la mitad del embrollo. Pobres venezolanos.
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