Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Y si a China le da por responder?
No era un libro navideño hasta que la realidad superó a la ficción. Mientras leo Nexus, de Yuval Noah Harari, Donald Trump ordena la detención de Nicolás Maduro y vuelve a erigir a Estados Unidos en árbitro incontestable del tablero global. La intervención en Venezuela sigue una estela histórica reconocible: Bahía de Cochinos, República Dominicana, la isla de Granada, Panamá y Haití. Operaciones distintas, pero una misma gramática: seguridad, orden y poder. Y no es casual que desde Washington sobrevuele ya el nombre de Groenlandia. El mensaje es antiguo: el orden mundial se tutela, no se negocia.
A partir de aquí, la tentación es contar el episodio como un relato de consumo rápido: el villano, el dictador, el castigo, el sheriff del planeta. Ese marco es eficaz (viraliza), pero es inestable (se agota). Para lograr una reflexión cercana a la realidad hay que desplazar el foco: porque lo que se mueve bajo el relato son intereses económicos; es el petróleo.
Los datos son tercos. Venezuela es el país con mayores reservas de crudo del mundo (más de 300.000 millones de barriles) y, sin embargo, produce menos del 1% del petróleo global. En su mejor momento superó los tres millones de barriles diarios; hoy no alcanza el millón. Arabia Saudí o Estados Unidos, con menos reservas, extraen, exportan y deciden. En geopolítica energética no manda quien tiene el recurso, sino quien lo convierte en flujo.
Mientras Harari me habla del poder de los relatos y de los Estados sostenidos sobre “nobles mentiras”, de Platón a los mitos fundacionales modernos, reviso los intangibles que cimentaron a EEUU como proyecto nacional (hoy reactivados y simplificados con el Make America Great Again) y los relatos identitarios que, desde Herzl y Bialik, sirvieron para justificar la ocupación de Palestina y el asentamiento de Israel.
El patrón histórico resulta inquietante pero, aquí, el debate público se degrada: NNGG convierten el conflicto en un meme cambiando el rostro de Maduro por el de Zapatero y Fran Rivera agradece a Trump la detención y le pide que “mire a España”. Como si la política internacional fuera una cuestión de ocurrencias. El propio PP creyó que el poder pasaría a la oposición conservadora y resulta que a Trump le interesa mantener al chavismo y tratar con quien controla los recursos. Aquí circula el relato. Allí se negocia con quien manda de verdad. Y, una vez más, no manda la épica ni el tuit: manda el petróleo.
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