Modernidad de la música antigua

05 de marzo 2026 - 03:05

En la víspera de la inauguración del Festival de Música Antigua hay que recordar la paradoja de lo moderna que ha sido y es la recuperación de la música antigua, uno de los acontecimientos más importantes que se han producido en los dos últimos siglos en el ámbito artístico. Son parte, solo parte, de esta historia Mendelssohn dirigiendo la Pasión según San Mateo de Bach en 1829; Robert Eitner creando 1868 la Sociedad para la Investigación Musical y publicando L’ Orfeo de Monteverdi; Camille Saint Saëns supervisando a partir de 1894 la edición completa de las obras de Rameau; Anton Rubinstein interpretando los concerts historiques, en París en 1886 o en Nueva York en 1873, con obras de Byrd, Couperin, Rameau, Scarlatti, Bach o Händel; Henri Casadesus creando en 1901 La Société des Instruments Anciens, considerado el primer conjunto estable de música antigua; o Wanda Landoska recuperando el clavecín a partir de 1903, publicando su estudio Musique ancienne: le mépris pour les anciens o grabando las Variaciones Goldberg en 1933, siendo el ejemplo perfecto de las bodas entre lo antiguo y lo moderno: Falla le escribió y dedicó el Concierto para clavecín y cinco instrumentos en 1926 y Poulenc el Concert champêtre en 1929.

Desde mediados del siglo XX hay que sumar el movimiento historicista que busca la máxima fidelidad a estas músicas en instrumentos e interpretación y la proliferación de sellos discográficos especializados, como Archiv, creado en 1947, Erato en 1953, Harmonia Mundi en 1958, L’Oiseau-Lyre en 1962 o, entre nosotros, Alia Vox del gran Jordi Savall en 1998.

De entre estas iniciativas tengo especial cariño por la Colección de Música Antigua Española de Hispavox, que me permitió conocer las Cantigas de Alfonso X (Grand Prix du Disque de l’Académie Charles Cros), la música arábigo andaluza, los códices Calixtino y de las Huelgas o a Diego Ortiz, Cabezón, Cabanilles, Victoria, Correa de Arauxo, Millán y Mudarra interpretados por aquel Atrium Musicae creado en 1964 por un joven Gregorio Paniagua, la Orquesta Marroquí de Tetuán, los monjes de Silos, las monjas de Santa María de las Huelgas, Antonio Baciero, Rodrigo de Zayas y Anne Perret o un joven Savall. Fue para mi generación el descubrimiento de la música antigua española. Lo que merece gratitud.

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