Otra para Llloreca

19 de enero 2026 - 03:06

Ahora llega uno a un bar y aparece una camarera que lo primero que hace es llamarte “cariño”: ¿Qué deseas, cariño?, ¿lo quieres en taza o en vaso, cariño?, ¿quieres algo para comer, cariño? Todo a ese nivel. Hubo un tiempo que nos llamaban a todos “caballero”, lo que daba mucho coraje porque “caballero” era una forma de ofender a alguien, como poner distancia con el cliente. Hemos pasado al extremo opuesto con lo de “cariño” que, por supuesto, no es una muestra de afecto ni de proximidad, es una mera coletilla. También está de moda, cuando vas en grupo, que digan “familia” aunque en el grupo no haya vínculo consanguíneo entre los que comparten mesa. Para qué hablar cuando dicen “chicos”, aunque tengamos más edad que el Pópulo. Por no hablar de aquellos que se creen modernos y dicen “chicos y chicas” porque lo han visto en la tele. Lo dicen los políticos y todos los papanatas que no saben hablar, lo copian porque así parecen guays. Esa campechanía debería estar prohibida por Lloreca, mejor un trato austero y eficiente, unos precios asequibles, un servicio rápido antes que todas estas tonterías. Le diría al eterno presidente de Lloreca que mejor que la queja permanente debería ocuparse de que su pandilla tratase a la clientela con rigor, sin exceso de amor y sin verlos como delincuentes. Comprendo que el oficio de camarero es un tormento, jornadas por encima de lo estipulado, sueldos por debajo, jefes que se pasan siete pueblos, clientes bordes que pagan su frustración con los camareros porque los creen inferiores. Con los sueldos que se pagan es difícil encontrar gente competente pero, como dijo Joe Biden, “páguenles más”, así podrían tener gente capaz. Los precios deben estar en consonancia con la calidad del producto y la eficacia del servicio. No hace falta que te cobren 500 euros por un menú degustación como si estuvieras en Aponiente, pero tampoco que te escupan en el café o que te lo tiren por lo alto. Una cosa intermedia, que gane dinero el dueño, que cobren un salario justo los camareros y que los clientes nos vayamos satisfechos sin que nos hayan robado la cartera ni nos hayan maltratado. Ahora que la hostelería de Cádiz se llena de estrellas Michelin y Soletes de Repsol, podríamos buscar una hostelería para gaditanos, que no sea exclusiva para turistas ni para cualquier snob de Madrid que quiera comer “tortillitas” o “pescaíto frito”. En el Labra quisieron reservar para cruceristas y les dijeron que preferían su clientela de toda la vida, funcionarios por la mañana, albañiles al mediodía, vecinos a toda hora.

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