la aldaba
Carlos Navarro Antolín
La ojana de la política piadosa
NO es una casualidad que la decadencia del sistema ferroviario español haya coincidido con el cambio de denominación de algunas estaciones con una clara intención partidista. Es ley no escrita que el sectarismo es incompatible con la buena gestión.
No me gustaría que se me malinterpretase (aunque ya lo doy por hecho). No tengo nada en contra de Almudena Grandes o Julio Anguita, que actualmente dan nombre a las estaciones de Madrid y Córdoba. Muy al contrario. De la primera es indiscutible su calidad literaria y me consta que era buena amiga de sus amigos, lo cual es uno de los más altos títulos a los que puede aspirar una persona. Del segundo se puede decir que fue un político honrado y educado, que defendió sus ideas radicales con autenticidad. Ambos merecen nuestro respeto, pero en ningún momento se puede decir que sean personajes sobre los que haya un consenso general. Es decir, no son nombres en los que todos nos podamos sentir representados.
Almudena Grandes optó por ser una escritora claramente comprometida con la izquierda. Sin concesiones, con ardor pasionario, podríamos decir. Recuerdo ahora sus columnas radiofónicas en la SER como auténticas granadas de mano contra el adversario (al que casi le daba categoría de enemigo). Eran piezas cargadas de una enorme arbitrariedad que no pocas veces caían en el sectarismo. Por supuesto tenía derecho a expresarse en tales términos, pero eso la invalida para dar nombre a la principal estación ferroviaria de la nación, esa especie de distribuidor de la casa común España por la que casi todos pasamos varias veces a lo largo de nuestra vida. Solo desde la mala fe, el chincha rabiña contra la derecha y la lógica polarizante del muro sanchista se puede entender una denominación que, tarde o temprano, habrá que derogar para que, sencillamente, la estación se denomine oficialmente con su tradicional nombre a secas: Atocha, sin más perejiles. De Anguita se pueden decir cosas parecidas. Y lo dejo ahí.
Parece claro que uno de los primeros objetivos que se debería marcar el próximo gobierno, sea del signo que sea, es el de regenerar un sistema ferroviario que llegó a ser un orgullo nacional y ahora es una constante fuente de preocupación para los ciudadanos. En paralelo habrá que renombrar las estaciones para que vuelvan a ser lugares donde quepamos todos.
También te puede interesar