Por montera
Mariló Montero
No es religión, es burka
El grave problema del sistema político español es el funcionamiento de los partidos, en todos se exige pleitesía al líder máximo. Dicen que Antonio Sanz tenía en cuenta, para seleccionar cargos públicos del PP, que no tuvieran trabajo al que volver, porque así eran más dóciles. Recuerdo que el primer gobierno de Pedro Sánchez le llamaban “el Gobierno bonito” porque estaba lleno de gente que eran destacados en sus respectivos ámbitos. Aquello fue degenerando, como explicó el torero la manera en la que un banderillero había llegado a gobernador civil. Pedro Sánchez ha colocado a sus afines en todos lados: RTVE, CIS, EFE, Tribunal Constitucional, CGPJ, Fiscalía, SEPI, Correos, Paradores. No hay hueco en la administración central que no haya sido ocupado por alguien afín al presidente . En Andalucía no íbamos a ser menos, lo de Canal Sur alcanza tintes grotescos hasta el punto de que han empezado sus trabajadores a protestar por el enchufismo del PP; mires donde mires solo ves carguetes afines a Juanma Moreno, desde la gerencia de un hospital hasta la presidencia del Consejo Económico y Socia o la moderación de una tertulia en la tele pública. Ahora Abascal se quiere cargar a Ortega Smith, como tiene mayoría en el grupo de concejales de Vox en el Ayuntamiento de Madrid y no hay manera de cesarlo. Me recordaba eso a 1996 cuando en Izquierda Unida decidieron expulsar a la gente de Nueva Izquierda por defender que se podía llegar a acuerdos de gobierno con el PSOE. El añorado por algunos Julio Anguita habló con Teófila y la entonces alcaldesa retiró cargo y competencias a la mayoría del grupo de IU del Ayuntamiento de Cádiz hasta que un informe del secretario general de entonces, el recordado Antonio Ortiz Espinosa, restituyó la cordura. Ahora Óscar Torres ha puesto por delante su compromiso con la ciudad a la disciplina de grupo para ausentarse en la votación de los presupuestos de la Diputación donde van las obras en Valcárcel, Instituto del Rosario y el nuevo Portillo, este último se cerró hace 18 años, estuvo sin solución siete durante el gobierno del PP, luego 8 durante el Kichi y ahora Bruno le ha buscado una. Si a los cargos públicos los eligiéramos de manera directa los ciudadanos, otro gallo cantaría, pero los eligen los partidos y a ellos se deben en primer lugar, salvo lo que ha hecho Óscar Torres que antes hiciera José María Román. Habría que reformar la ley y hacer como en el Reino Unido, distritos uninominales con elección directa por los ciudadanos. Ahí no cabría disciplina de partido, sino sujeción a los votantes.
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