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Rafael / Sánchez Saus

Tiempos decisivos

SI no fuera porque la crisis nos come, Educación y Justicia serían los ministerios centrales de este Gobierno, tales son los problemas acumulados en esas áreas por años y años de dejación, malas políticas y peores prácticas. Cuando la crisis sólo sea un mal recuerdo y unas cuantas cicatrices en el cuerpo económico de las Españas, quizá la sociedad española comprenda el alcance y el valor de haber abordado ahora, precisamente ahora, cuando algunos preferirían no abrir frentes tan incómodos, las reformas necesarias para corregir tanto desvarío y que este país pueda comenzar a mirar el futuro con la esperanza que genera el saber que los gobernantes cumplen sus promesas.

Nadie puede engañarse acerca de la gran dificultad del empeño. Las reformas que los ministros Wert y Gallardón han anunciado en esta última semana tocan al núcleo de la ideología que la izquierda zapaterista había convertido en matriz de su proyecto de transformación de la sociedad española. En ese proyecto hay muy poco de socialismo, apenas nada de la vieja inclinación por los desamparados y mucha ideología de género, último y letal posadero de una izquierda intelectualmente arruinada. Desmontar, y cuanto antes, ese tinglado es algo fundamental para el PP, ya que su permanencia y progresiva asimilación por la sociedad haría imposible en el medio plazo cualquier alternativa en clave liberal o conservadora, las que hoy prefieren las sociedades libres en todo el mundo. La consolidación del modelo social impuesto por los gobiernos ZP a golpe de decreto en estos años, al margen de todo consenso, dejaría aislada y sin futuro a la derecha española y perpetuaría en el poder político y social a una izquierda ya hegemónica en el ámbito de la cultura de masas. No se trata, pues, tan sólo del cambio de la ley del aborto y de la sustitución de Educación para la Ciudadanía, aunque sean asuntos del máximo valor simbólico. El zócalo sociológico que simplemente sigue permitiendo que España sea, la mayoría ciudadana de la que el PP extrae su vigor y que le ha permitido soportar los años de plomo del zapaterismo y remontar el vuelo, está pidiendo a gritos cambios profundos en cuestiones que, por convencimiento y por mero instinto de supervivencia, sabe de la mayor importancia. No es una cuestión de obispos o de grupos de presión católicos, como aducen los que se oponen a las reformas anunciadas precisamente porque saben muy bien lo que pueden perder. Quien se juega el futuro no es la Iglesia, es el centroderecha en España y toda una generación.

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