Su propio afán

Olavo in memoriam

El apogeo de la derecha brasileña no podría entenderse sin el filósofo Olavo de Carvalho

Ha muerto el filósofo brasileño Olavo de Carvalho (Campinas, São Paulo, 1947). Su mero nombre convoca apasionantes debates que escapan al espacio de mi columna. ¿Hasta qué punto fue un pensador original? ¿Cuál es el alcance de su influencia política? ¿Cuánta calidad literaria atesora? ¿Se le pueden perdonar sus excesos? Etc. Yo respondería positivamente a todas las preguntas. Su influencia fue tal que Eduardo Bolsonaro, el hijo del presidente, llegó a decir que sin Olavo no habría Derecha en el poder. Su prosa tiene una potencia epigramática que ponía a temblar a sus enemigos. Sus excesos son la consecuencia de los esfuerzos de un intelectual de fuera del sistema para romper el cerco de silencio, que él hace añicos.

Como pensador ilumina. Pondré un ejemplo que toca también un tema de máxima actualidad en España. Se habla mucho últimamente de las derechas, si son una o varias, cobardes o valientes, y también entre los jóvenes se discute de las nuevas familias ideológicas, que van de los neoconservadores a los rojipardos. Todo muy entretenido, pero embrollado. Y el propio Olavo advirtió: "O la lucha contra el mal comienza por la lucha contra la confusión o acaba contribuyendo a la confusión entre el bien y el mal".

Para poner cabeza, él se va a la Revolución Francesa, origen de estas divisiones políticas. Y recuerda que los girondinos, que eran la izquierda del Rey, pasaron a ser la "derecha" de la revolución. Ahí advierte de una trampa sistemática: "Asignar la etiqueta de 'derecha' a una de las alas de la propia izquierda se convirtió en un mecanismo rutinario del proceso revolucionario". Para desactivarla: "los términos 'izquierda' y 'derecha' sólo tienen significado objetivo cuando se usan en su acepción original de revolución y contrarrevolución, respectivamente".

Él, que se confesaba "estrictamente conservador", resume la esencia de "la mentalidad contrarrevolucionaria o conservadora". Consiste en "1) la aversión a cualquier proyecto de transformación integral, 2) la obstinada negativa a intervenir en la sociedad en su conjunto, 3) el respeto casi religioso por los procesos sociales regionales, espontáneos y a largo plazo, y 4) la negación de toda autoridad a los demagogos de cualquier futuro hipotético". Es un utilísimo test de antígenos. Olavo de Carvalho contribuye irrenunciablemente a la lucha contra la confusión. No podemos permitirnos el lujo de olvidarle.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios