El Palillero

José Joaquín / León

Independencia del País Vasco

15 de marzo 2016 - 01:00

LOS últimos datos publicados en el Sociómetro Vasco, que difunde el propio Gobierno de esa nacionalidad histórica, permiten confirmar algo que ya se sabía: la mayoría de los problemas territoriales que tenemos en España han sido creados por los políticos. Con otras personalidades dedicadas a estos menesteres, habría otros problemas y, probablemente, otras soluciones. De modo que no hay que resignarse, ni es igual tener a unos que a otros dando por saco. Conviene reflexionar antes de votar.

En el citado Sociómetro, que ha difundido el Gobierno presidido por Íñigo Urkullu, sale que este lehendakari es el político mejor valorado y el único que aprueba. Aparte de que ellos encargaron el sondeo, se lo merece, porque es como los buenos árbitros: pasa desapercibido, no incordia demasiado, y así se ha pacificado Euskadi y está controlado el conflicto. La diferencia con Ibarretxe, cuando pedía el País Libre Asociado y la autodeterminación, es abismal. Como, además, ETA ha dejado de matar, resulta que el apoyo a la independencia vasca ha caído 11 puntos en sólo dos años.

Ahora están a favor de la independencia el 19% de los vascos. Y en contra el 38%, que es el doble. Por cada vasco que la quiere, hay dos que la rechazan. Aparte de un 12% que no contestó, hay un 30%, que dice que depende de las circunstancias. Con estos datos se comprueba que las circunstancias han cambiado. Empiezan a ser conscientes del chollo económico que tienen con el régimen foral; por cierto consagrado en esa Constitución que se defiende cuando conviene. Gracias a ese sistema, han pasado la crisis mejor que cualquier comunidad autónoma española. Tenían todas las ventajas sin los inconvenientes.

A eso se suma una creciente corriente de simpatía hacia los vascos, por contraste con la antipatía hacia los catalanes. Algunos lo atribuyen al éxito de la película Ocho apellidos vascos. Puede que también sea por su sucedáneo televisivo de Allí abajo, pues viendo la ordinariez extrema de los padres de María León y gran parte de sus amistades, entran más ganas de ser vasco que andaluz. Aunque a esos sambenitos de mi arma y shosho ya estamos acostumbrados.

En modo parábola, se podría decir que el País Vasco de hoy es como esos hijos treintañeros que tienen un buen trabajo y su propio piso, donde hacen lo que les gusta, y que además acuden a casa de sus padres, a comer, todos los días. ¿Para qué se van a independizar? Así viven de maravilla, como Reyes de los de antes.

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