Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

Demasiado diálogo

NO fue feliz mi comparación del otro día cuando de las entrevistas de Rajoy con los líderes emergentes decía que a uno (por Albert Rivera) le caía el atril de la sala de rueda de prensa de La Moncloa como un traje bien cortado. Pude dar la impresión de que consideraba al catalán con más talla porque vestía mejor. Así lo entendió al menos un lector. Siempre tengo presente la anécdota de Indro Montanelli, cuando alguien le imputó no sé qué análisis extravagante, y él se defendió: "Usted no ha entendido…", a lo que el otro respondió, indignado: "¡Si yo no he entendido significa que el imbécil es usted!" El maestro Montanelli lo consideró una gran lección de periodismo, y yo también.

Voy a tratar, pues, de explicarme mejor. Iglesias no estuvo a la altura de La Moncloa porque, lejos de acudir acuciado por el desafío catalanista, fue a hablar de su libro, esto es, a hacer campaña electoral, y a eso dedicó su tiempo en la sala de prensa, y a marcar las diferencias con los otros líderes. Pero se trataba de dar una respuesta de unidad en lo esencial, que se necesita. Él ya tiene televisiones de sobra y entrevistas en las que contarnos sus cosas. No era el momento.

De otro modo sutil, aunque más esencial, quedó claro que todo había sido perder el tiempo. Preguntado de qué habló con el presidente, detalló que de la situación de Siria, de la estrategia de Rusia, del significado del Estado de Bienestar y de los últimos treinta años de la historia de España. Ya puestos, lo extraño es que no hablasen del Triángulo de las Bermudas. Albert Rivera (el del traje que es lo de menos) concretó que Rajoy y él, en su reunión, habían analizado el problema nacionalista y que le había pedido que la comunicación siguiese abierta porque no habían de ningún modo agotado la cuestión, como es lógico. Pero hablar de Siria, de Rusia, del Estado del Bienestar y de los últimos treinta años (¡30!) de la historia de España en poco más de una hora es no hablar de nada, absolutamente. Para mayor desfachatez, Pablo Iglesias regaló a Rajoy un libro de Antonio Machado, el Juan de Mairena, donde estampó estas líneas del poeta: "Para dialogar, preguntad primero…, después, escuchad". Más allá del uso oportunista del vate, que ya estará curado de espantos, qué poco predicó Iglesias con el ejemplo. De tantos temas como dice que tocaron, apenas le daría tiempo a preguntar. A escuchar, desde luego, ni hablar.

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