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Enrique Montiel
De vivir, vivienda
Preguntan los profesores de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia que cuándo volveremos a las clases. Sus alumnos desean saberlo. Estábamos pendientes de la ejecución de una obra de nuestro Ayuntamiento. Esa petición se ha cumplido en el plazo previsto y, según nos han contado, muy bien hecha. Sin embargo, no sospechábamos que necesitaba reconstrucción en otros lugares. A esta viejita de mucho más de 125 años le han aparecido otros dolores que impiden su reapertura. Para esta reapertura necesitamos garantizar que está en condiciones idóneas. Y ante tantos días cerrados, las consultas no cesan y la respuesta es la misma: Todos lo estamos deseando.
Verla vacía y cerrada da cierta tristeza. En sus días activos la entrada de personas de todas las edades compartiendo el deseo de saber es un acierto. Para los pequeños supone desarrollar otra afición. Aprenden a observar, a poner nombre a músicos o pintores a los que, poco a poco, se irán arrimando para admirar. Estas actividades extraescolares son mucho más acertadas que los videojuegos.
A los adultos también nos muestra un abanico de aprendizaje. Son demasiadas las personas que la vida laboral o las necesidades familiares no les permitieron disfrutar de tiempo libre. Cuando aparece, descubren que en Bellas Artes ese ocio se transforma en cultura. Se aprende y se disfruta: de la convivencia, del tratamiento de los profesores, de aceptar la frase: “arregla esto. Tú puedes hacerlo mejor”. Ser mayor no significa saber más, ni saber de todo. Tampoco en las clases se fomenta la competencia. El buen ambiente académico es una realidad que echamos de menos, por no hablar de sus otras actividades como la asistencia a conciertos, recitales, exposiciones, conferencias o presentaciones de libros.
Bellas artes es un acercamiento a socializar. Es importante relacionarnos. Hablar con formalidad o contar banalidades sabiendo que alguien siempre escucha. Reír y sonreír de las ocurrencias de algunos. Para disgustos y penas estamos más que sobrados.
Desde este humilde artículo agradezco, o mejor, agradecemos a nuestro Ayuntamiento el haber cumplido su palabra. Ahora nos atrevemos a rogarle que priorice y sane estas nuevas dolencias para poder reabrir.
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