De Castroverde al Instagram

11 de marzo 2026 - 07:00

No sabría decir si los tiempos son mejores o peores, quizás solo distintos, y, aun así, cuánto añoramos el pasado. Las redes hierven, un día si y otro no, pero a veces nos ofrecen alegrías. La ciudad de El Puerto, la hoy tan criticada, y de la que algunos solo ven la podredumbre, también ha tenido su pasado en blanco y negro. No son pocos los días en que el Facebook se llena de recuerdos, de aquellos recuerdos que nos muestran aquel viejo deposito en la Plaza de las Galeras, o esa imagen frente al Ceballos con vetustos señores de bombín o gorra. Viejos recuerdos de un pasado decimonónico. A veces, el medio se salpica con fotos digitalizadas de aquellas fiestas de La Escafandra, el Galaxia o el Oasis, viejas glorias bajando del patio del Guadalete en Carnavales, y a veces, entrañables recuerdos de Ojito en la puerta de los Pepes.

Viendo esos recuerdos no puedo dejar de pensar en los tiempos que viví en primera persona, eran tiempos anónimos e inocentes en donde, gracias a Dios, los medios de comunicación tenían rueda y candado, tiempos en que las cabinas eran el único medio de comunicarte con la otra persona de forma anónima sin la censura de la propia casa. Eran tiempos en que nada quedaba registrado, y las cinco o las seis de la mañana solo dejaban huella a la mañana siguiente. Eran tiempos de Calita amaneciendo, momentos guardados en la retina y el corazón, pero que se guardaban en lo mas hondo de tus recuerdos. Fueron tiempos en los que se vivía, a sabiendas de que lo que ocurría en El Puerto, en El Puerto se quedaba, no había pruebas, ni de lo bueno, ni de lo travieso, y sin ser mejores o peores tiempos, y que, a pesar de que los recuerdos quedan solo registrados en la memoria, a pesar de que solo sirvan para que con la edad, y reunidos con los viejos amigos, las batallitas se sucedan unas tras otras, fueron tiempos felices, y de los que a pesar de que sirvieran para sentir vergüenza ajena por algunas cosas, bochornosas o ridículas, ahora forman parte de nuestra vida privada, jalonada por alguna foto suelta que parece en un viejo cajón.

La vida ha cambiado, y hoy las redes están llenas de recuerdos, públicos y privados, testigos que a los cuatro vientos muestran penurias y buenos momentos. Hoy las vivencias viven en la redes, y eso, ni mejor, ni peor, es la realidad… y aun así… a muchos de nosotros nos sigue gustando el romanticismo de aquella vida pasada de las que no hay registro, solo vida y corazón, solo el recuerdo que solo tú y yo compartimos.

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