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Si es cierto que las personas tenemos un umbral del dolor distinto, porque lo que a uno duele a otro le parece insignificante, con las molestias ciudadanas pasa más o menos lo mismo. Las protestas por ruidos, concentraciones, músicas y fiestas va por barrios y, sobre todo, por intereses. Parece claro que a los carnavaleros, a los integrantes de agrupaciones, no les debe molestar mucho las noches de disfraces, coplas y pasacalles. Como a los cofrades, pertenezcan o no a una hermandad, les da igual que las calles del casco histórico se corten durante un rato, incluso toda la tarde y parte de la noche, para el paso de procesiones. Y los trabajadores que montan una barricada en un puente o una avenida para cortar el tráfico y amplificar así su protesta ven lógicas las molestias que se puedan causar al resto de la ciudadanía. Total, que las molestias, y sus consecuentes protestas, tienen un umbral tan personal como el del propio interés.
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