El Alambique
Rafael Morro
Que no te cueste un riñón
Estamos viendo cómo las últimas elecciones autonómicas que se vienen celebrando en España están sometidas al influjo de la política central. O lo que es lo mismo, las campañas están dirigidas y puestas al servicio del centralismo de sus respectivos partidos. Cada vez más, las elecciones autonómicas están perdiendo su libertad para decidir cómo y cuando convocar sus renovaciones. Todo queda supeditado a las conveniencias de sus partidos para ganar las elecciones del Estado.
Los discursos que estamos viendo durante las campañas suelen estar, en su mayor tiempo, condicionados por la política nacional. Por parte del Partido Popular todo vale con tal de "echar a Sánchez del poder". La izquierda crítica a la oposición el discurso destructivo que practica la derecha. Pero nada se habla de los problemas de las comunidades que es lo que debe o debería importar a los ciudadanos. Los comicios autonómicos han perdido la libertad que tenían para nombrar a sus candidatos, para elaborar su propio marco político e incluso para decidir con quien o quienes deben gobernar su comunidad.
Hoy lo más importante en el discurso político es el ruido. Ruido desafinado que está facilitando la labor de captación de votantes de la extrema derecha qué sin hacer nada, sin implicarse en la gobernanza del país, solo se sienta a la sombra a la espera de que los demás partidos les hagan su trabajo. Solamente con la mentira, con los bulos y con el miedo está absorbiendo a los descontentos con la política que están haciendo los partidos tradicionales.
Y de esto tienen mucha culpa los partidos tradicionales donde la toma de decisiones se hace alrededor de su figura central. El líder controla todo el partido y por consiguiente todo el poder y no admite discusión en la toma de decisiones. Es una organización piramidal. Siempre han existido los líderes con mando pero admitían las discrepancias internas y existían las corrientes de opinión. Así ha sido siempre en el Partido Socialista con la corriente de Izquierda Socialista y además, los líderes autonómicos eran elegidos en sus comunidades y estos formaban un contrapoder, denominados los Barones, al poder central. Tenían poder en el partido y en el gobierno. Hoy se ha perdido la libertad en los partidos, el líder decide el poder autonómico aún sabiendo de que es perjudicial pero todo sea por no tener un contrapeso político y por lo tanto todo el poder queda centrifugado en la dirección central.
Se ha perdido la discrepancia interna desde el momento que los cargos intermedios están supeditados el poder y no se atreven a contrariarlos, no hay debates internos y el que discrepa es señalado, no hay cohesión. Por consiguiente es dudoso en la actualidad saber si los dirigentes tienen ideología o contrato temporal. Es muy difícil y a la vez muy decepcionante aceptar la dinámica de los partidos. La falta de libertad interna de los partidos deteriora la democracia política y de esto se beneficia la ultra política. Esperemos las autonómicas en Andalucía
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