El Alambique
Manolo Morillo
La libreta marrón
Hay presentaciones de libros que son, más que un acto cultural, un pequeño rito de paso. Lo vivido el viernes en la Ermita de Santa Clara —ese recinto donde la piedra parece guardar un silencio antiguo— fue precisamente eso: la celebración íntima y luminosa del nacimiento de La libreta marrón, una mujer entre guerras, la nueva novela de Jesús María Serrano. Y tuve el privilegio de conducir el acto, no solo como lector, sino como amigo de toda la vida del autor, lo que convierte la palabra “presentación” en algo más cercano a “bienvenida”.
La velada tuvo un pulso especial gracias al maestro Miguel Gibaja, cuya música —tejida entre la guitarra clásica, el jazz y esa sensibilidad suya que nunca presume— acompañó la lectura como un segundo relato. Miguel, que insiste en definirse como “aficionado”, demostró una vez más que el amor por la música es una forma de profesionalidad del alma. Su viaje desde la Comunidad Valenciana para arropar a Jesús fue, en sí mismo, un prólogo perfecto para la novela: un gesto de amistad, de entrega y de belleza.
Jesús María Serrano, por su parte, volvió a mostrarse como lo que es: un creador total. Poeta, narrador, agitador cultural, defensor del patrimonio y, sobre todo, un hombre que convierte la fragilidad en una forma de resistencia. La libreta marrón es una prueba más de esa mirada suya que mezcla ternura y vértigo, memoria y aventura, y que nos lleva desde el Berlín recién liberado hasta los ecos de Uruguay, Brasil o Tánger, siguiendo a una protagonista que atraviesa guerras externas e internas con una dignidad que conmueve.
La novela, heterodoxa en su puntuación y libre en su respiración, parece escrita para ser escuchada, casi como si Jesús leyera en voz alta mientras escribe. Y quizá por eso, en la Ermita, el fragmento leído resonó como un eco antiguo y nuevo a la vez.
Celebrar un libro es celebrar una esperanza. Y el viernes celebramos mucho más: celebramos la amistad, la palabra y la certeza de que, mientras existan autores como Jesús María Serrano, la literatura seguirá siendo un refugio y una brújula, porque él es uno de los grandes nombres de la cultura porteña contemporánea.
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