El Alambique
J. García de Romeu
Del incómodo Muñoz Seca
Con los tiempos que corren, reivindicar la memoria de Muñoz Seca resulta algo… encomiable. La genialidad de su teatro, su ironía y su cínico humor, no dejaba títere con cabeza. Comparto, como no podría ser de otra manera, que el busto jamás debió de tocarse, y me avergüenza, como he dicho muchas veces, el lamentable estado de su monumento, olvidado por todos, unos por odio y otros por miedo. Reivindicar hoy su figura, el adecentamiento de su monumento, y su figura, es un gesto merecido, y si esta España hubiera seguido su natural devenir, de avanzar, encarar el futuro y vivir en el presente, todo sería mas sencillo. Pero tal y como están las cosas, resulta difícil enorgullecerse de unos, y conmemorar el fallecimiento de otros, pues, se nos polariza, y se hace inevitable mantener la normalidad, el respeto y, el natural ensalzamiento de un simple dramaturgo, que poco o nada tubo que ver con lo que ocurrió después de su muerte, y eso, eso es algo muy complejo al menos hoy.
Resultaría complejo, con el abuso que se hace del recuerdo segado, hablar de su figura. Hoy sería imposible, con la nueva visión histórica oficiosa hablar de su figura de forma honesta. Qué diremos de su teatro para pasar la censura actual, qué diremos de su ingente obra, que era una alabanza a las virtudes de la verdadera libertad… diremos que era una mordaz crítica a la Iglesia Católica; diremos de él que era un republicano convencido que odiaba a su majestad Alfonso XIII para limpiar su figura de cara a la nueva censura. Pero lo mejor vendrá cuando tengamos que referirnos a su muerte, y para no ofender y ocultar lo que realmente ocurrió, habrá que inventar, como ocurre con muchas cosas hoy, que murió en un trágico accidente aerostático que ocurrió mientras viajaba por los pirineos de Uzbekistán.
El sentido común, durante muchísimo tiempo, nos llevó a poder leer a Lorca, Alberti, Muñoz Seca, Foxá, Alexandre, Pemán, Mihura o Ginorella con la misma admiración y respeto. Aprendimos a tratar la muerte, la obra y la vida de cada uno de ellos sin temor a ofender a nadie, sacando nuestras propias conclusiones, sin odio, como parte de nuestra historia. Hoy, con tantos Golpes Bajos, son malos tiempos para la lírica, y ojito con salirnos del guion y ensalzar a quienes están señalados con el dedo acusador de los nuevos sensores morales del pensamiento único. Como diría el genial paisano, somos tan modernos que han tenido que pasar cuarenta años para que tengamos que borrar los cuarenta años anteriores y volver a como estábamos hace ochenta años, borrando de un plumazo los cuarenta años que tardamos en superar los otros cuarenta para convivir en paz y así, volver a echarnos en cara lo que pasó hace ochenta, y de lo que los que aquí estamos, ni tuvimos culpa, ni vivimos, ni nos sirve de nada. Como digo, una loable iniciativa, que apoyo y comparto, pero solo cuando seamos capaces de ponernos la capa y leer su obra, tanto para festejar su nacimiento como para llorar su pérdida, simplemente como hecho histórico.
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