Análisis

José Antonio Hernández Guerrero

La hora de los mayores

En Japón y en Australia son escuchados y respetados por los más jóvenes hace milenios

Tengo la impresión de que, en contra de la opinión generalizada, el futuro, más que de los jóvenes, puede ser de los mayores. Si, como revelan las estadísticas, el número de los nacimientos desciende, mientras que la cantidad media de vida de los ancianos aumenta -la esperanza media de vida es ahora de aproximadamente 79 años para los hombres y de 83 años para las mujeres-, es posible que, por ejemplo, en el resultado de las elecciones políticas influyan cada vez más los ciudadanos de edad avanzada. Éstos son, además, quienes disponen de más tiempo para, por ejemplo, leer los periódicos, hablar con los amigos y acompañar a los nietos. En ocasiones, sobre todo en épocas de crisis económicas, algunos ayudan, con sus exiguas pensiones, al resto de la familia. Otro dato complementario puede ser el aumento progresivo de mayores en los cursos que las universidades organizan para ellos, igual que ocurre con los conciertos de música clásica y con las visitas a exposiciones de arte.

El hecho comprobado es que, en la familia, en la sociedad, en las iglesias y en la política, está aumentando la presencia y el influjo de los ancianos. Ayer mismo me decía un amigo que ha comprobado cómo "en varias casas hay más abuelos que nietos". El hecho de que el papel de los ancianos en la sociedad, en la cultura, en la economía e incluso en la religión haya cambiado me inclina a pensar que los responsables de organismos públicos e, incluso, de empresas privadas deberían extraer sus conclusiones a la hora de valorar la importancia de la contribución de nuestros mayores a la sociedad y organizar sus estrategias de información y sus programas de actividades teniendo en cuenta que, en la práctica, los principales destinatarios de sus mensajes son los mayores.

Entiendo que es urgente dirigir una mirada más positiva sobre el papel de nuestros mayores en la sociedad y empezar a pensar en unas soluciones constructivas hacía un futuro mejor para ellos y para todos nosotros. Creo que se han de explorar los papeles activos que han de desarrollar con el fin de diseñar el camino hacia una sociedad más inclusiva en la que las personas mayores cumplan una función que va más allá ser cuidadores de sus nietos. Es posible que, poco a poco, estemos caminando hacia una sociedad donde las experiencias de nuestros mayores sean más valoradas, al igual que ocurre, por ejemplo, en Japón o en Australia, donde son escuchados y respetados por los más jóvenes desde hace milenios.

Les confieso que éstas son algunas de las conclusiones a las que hemos llegado los mayores que periódicamente nos reunimos para conversar, más que sobre el pasado o sobre el presente, sobre ese futuro que hemos de construir entre todos. Estamos convencidos de que, en este mundo tan complejo, no sobra ninguno de nosotros e, incluso, nos atrevemos a pensar que, quizás, las mujeres y los hombres que han sido alcaldes, concejales, diputados, rectores, decanos, profesores, médicos, entrenadores, futbolistas, abogados, directores de periódicos, periodistas, sindicalistas, carpinteros, comerciantes, albañiles, mecánicos o, simplemente, ciudadanos, pueden aportar algunos de los resultados de sus aciertos y, sobre todo, de sus errores. A lo mejor no nos vendría mal que, en los periódicos nos reservaran un rinconcito para hablar de nuestras cosas.

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