El parqué
Sesión mixta
El mundo Therian es igual a la teoría de la involución, si lo pensamos bien. Del darwinismo hemos pasado al animalismo atroz, pero no me refiero a ese que protege a los seres sin alma sino a aquella indisciplina que, convertida en moda, exhibe el amor a las mascotas y no mascotas de un modo más allá de lo estrafalario. Incluso de lo extravagante.
Se trata de una serie de personas que se disfrazan de animales y adoptan sus fórmulas de vida: pastan, sestean, se rascan, se alimentan. Imagino que también defecan, marcan su territorio con orín y, llegado el caso, se aparean. Es una imagen tan tierna como desconcertante la de tipos grandes como trinquetes disfrazados con cabezas de caballo gigantes, o de perros, leones, gatos o lo que cuadre.
Por un lado, mi yo liberal y tolerante me dice que qué más da. Si un grupo de flipados decide congregarse para lamerse los ojetes, olisquearse las entrepiernas, correr detrás de pelotas de tenis y revolcarse en los charcos, y son felices, ¿qué daño hacen? ¿A quién molestan? Pero por otro lado, mi yo más radical y hastiado, el que está harto ya de frivolidades que en verdad son imbecilidades, se reconcome con estas boutades. ¿Con la de problemas que hay en el mundo, la cantidad de guerras por venir, enfermedades encerradoras, niños desnutridos, médicos sin medios y Koldos por desvelar, es realmente necesario desperdiciar el dinero y el tiempo en este tipo de frikadas absurdas?
Siento decirlo así, pero en este mundo millenial hubieran hecho falta muchas más guantás a tiempo (una coral de psicólogas grita horrorizada ante una afirmación tan grosera, deshumanizada y violenta). De ahí no me bajo. No paramos de comprobar la aparición incesante de advenedizos a cada cual más loco y surrealista. Gentecillas a las que, como decían nuestros padres, les faltaba un hervor o, dicho de otro modo, a los que les hubiera venido bien una buena mili (una coral de antimilitaristas grita horrorizada ante una afirmación tan caduca, ruin y beligerante).
Podríamos fantasear con algunos famosos convertidos en animales empezando, cómo no, por Pedro Sánchez, al que veo más como un zorro plateado que como un perro. Feijóo podría disfrazarse de búho, aunque se haya puesto lentillas. Yolanda Díaz sería blanco fácil por su prominente nariz. Abascal podría ser un león de la sabana Disney, probablemente, el tío de Simba, el traicionero Scarr. ¿Y Rufián? Podría vestirse de mandril y unificar la izquierda desde lo alto de una rama de árbol. Un montón de therians, cada cual más friki que el anterior.
Para terminar con esta ácida columna que me ha salido, quiero hacer mención a un hecho muy divertido. Ayer leí un titular realmente espectacular que decía que en la primera concentración de therians apenas hubo “cuatro gatos”. Hay que tener arte, desde luego.
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