Modus vivendi

Aún existen los que dicen que son necesarios incluso cuando fracasan una y otra vez

04 de febrero 2017 - 02:03

Que sí, que lleva usted razón; que todas las ideologías son admirables, fantásticas, portentosas; que todos los que llegan al otro lado del mostrador lo hacen para salvar a los demás de la indigencia, de la necesidad, de la penuria; que no lo hacen por afán de poder, sino para engrandecer la autoestima, honrar la honorabilidad, el orgullo, la dignidad de cada ciudadano y nunca, nunca, para asegurarse su modus vivendi, aunque esto, siendo legítimo, no siempre sea legal. Me encanta que todos hagan suya la sincera intención del rey más honesto que tuvo las Españas: "Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional", tan sincero como ese otro grito: "¡Corruptos fuera!". Y taparse unos a otros.

No le dé más vueltas: de ahí viene todo; por eso a los españoles -incluidos vascos y catalanes- no se nos ha borrado la cara de asco y la desconfianza con el vecino. ¡Como para fiarse del aficionado! Porque, a la postre y mal que les pese, todos los políticos vienen a ser aficionados aunque ejerzan de cirujanos ya que operan sobre un cuerpo social, siempre inerte, provistos de su material, tantas veces demagógico, e interviniendo sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, con nula responsabilidad posterior porque, a la postre, son curanderos y sin acreditación previa de experiencia necesaria, ni siquiera en el mamoneo. Así los trincan. Así se escabullen.

No obstante aún existen los que siguen diciendo que son necesarios (me refiero a los curanderos); incluso cuando una y otra vez demuestran que fracasan siempre a pesar de que tienen todos los ases en la mano, quiero decir la máquina para subir impuestos, que es donde realmente radica el poder.

Voy a escribirlo con letras para que no haya errores en la lectura numérica, pero si es cierto que la deuda externa alcanza ya los novecientos cuarenta mil millones, cada español debe alrededor de veinte millones de euros que, sumados al déficit corriente contraído para pagar ayuntamientos, autonomías y todo ese monstruoso aparato estatal... ¡como para seguir diciendo que son eficaces! Sí, ya sé, que usted personalmente no debe ese dinero, que sólo debe un poco y que el resto lo tendrán que pagar sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, sus tataranietos e incluso ese cuñado mamón que es concejal de su pueblo, al que usted, eso sí, paga religiosa o laicamente, pero lo paga usted porque es normalísimo que el pobre tenga su modus vivendi, que es a lo que íbamos desde el principio. ¿Quiere un ejemplo? Acuérdese de ese que iba para que lo reconocieran como Bien Inmaterial de la Humanidad, senador por Almería del PP, Eugenio Gonzálvez, que así, en plan campechano le dijo a un amigo, empresario, claro: "Haz como yo, retírate y sigue mandando, como yo mando, pero en la sombra... que trabajen los gilipollas". No se cabree con él, demasiada desgracia tiene con soportarse. Además, el hombre ha pedido perdón cuando se le pasó la mona, es decir cuando recuperó su careta habitual horrorizado de haber mostrado su más íntima verdad, esa que se dice después de haber pasado por la exaltación de la amistad, la negación de la evidencia y los cantos regionales, los tres estados que se manifiestan en las castañas de antología.

En fin, qué decir, que tome mucho plátano, rico en potasio para controlar su presión arterial. Amén.

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