Puente de Ureña

Rafael Duarte

Espías, masones e ignorancia

Allí recibe el Rey los ejemplares del primer diccionario de la Academia

05 de febrero 2020 - 01:35

En la cafetería La Nueva Bahía, antes el Abuelo, bajo la dirección de Verónica Muñoz y José Luis López, se inauguró la tercera tertulia que preside Juan Carlos Carrillo, y a la que asistieron Santos Malo, sus hermanos, el profesor Vázquez Bermúdez, el pintor Ignacio Salas y el protestador sin piedad que es Pepe Rodríguez Pájaro. Como siempre se lleva un tema para debate. Personajes famosos en Cádiz. Hablo como exbibliotecario de la Lobo, del viaje de Felipe V a Cádiz, quien se alojó en San Fernando en la Alameda Moreno de Guerra, en la casa de las cadenas, domicilio de don Guillermo Macé y Aufrais, señor de la Gravelais en Francia. Allí recibe el Rey los ejemplares del primer diccionario de la Academia, cuyo segundo tomo acababa de imprimirse y que el Rey regaló a don Guillermo, por lo que ese diccionario quedó en La Isla y estaba en la desaparecida Biblioteca Lobo.

¿No os parece importante un rey? Sí. Pero como éste es un tiempo de fantasmas, mentirosos, inicuos y viles, ya verás lo que dicen. El dilecto profesor Vázquez habla de la estancia en tierras gaditanas, en Conil y Zahara de Cervantes. Al que decían un tal Saavedra, y que respetaban los miles de pillos, truhanes, majagranzas y valentones que pululaban por las pesquerías del duque.

Entonces el presidente y Vázquez hablan de Cagliostro en Cádiz. ¿Quién coño fue ése? Dice Rodríguez Pájaro. El mayor farsante que el mundo ha conocido, apunta Verónica Muñoz. Y lleva razón. Era el coletas, entonces llamada calogan, del dieciocho. Cuando Cádiz era una potencia comercial y económica. En las torres de Hércules, como llamaban a Cádiz, se presentó con el nombre de Marqués de Pellegrini.

Ecos dejaron de esa visita los escritores gaditanos Augusto Conte , Mariano de Rétegui y José Luis Tejada, quienes se refocilaron con el gran embaucador que fue el que se denominó Gran Copto, José Balsamo, Conde Alejandro Tischio, Melissa, Belmonte, Anna, Acharat, Somini, y Conde de Cagliostro, cuya fama mayor se la adosó Alejandro Dumas, padre, en sus Memorias de un Médico. También en Los tres Mosqueteros, el cardenal de Rohan, la famosa víctima de la conspiración del collar de diamantes, testificó que él había visto al conde Cagliostro hacer oro y diamantes. Alquimista, brujo, masón, rosacruz, en Cádiz, además de conseguir dinero para sus prácticas, aparece datado por la adquisición de un bastón comprado en la celebérrima Casa Silvestre, rematado con reloj de precisión rodeado de brillantes, que nunca pagó. Por eso se sabe que se evaporó por la Isla de León y del que nunca más se supo. Rodríguez Pájaro preguntó a qué partido pertenecería hoy en día. Y nadie quiso entrar al trapo.

Quedó pues la tertulia muy contenta y esclarecida por los temas desarrollados. Por la dirección de la nueva Bahía se nos ofreció un café, y Juan Carlos Carrillo dio las gracias efusivas a todos los intervinientes. Hoc unum scio me nihil scire, el saber sin saber, dijo Juan Carlos, que en estas metáforas e historias suena mejor la vida que en la calle.

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