Shock (el Cóndor y el Puma), de Andrés Lima, en el FIT 2020 Las sombras de la ¡freedom!

  • Shock (el Cóndor y el Puma), de Andrés Lima, cumple en el Falla con las grandes expectativas de una obra ganadora de dos premios Max

Una imagen de 'Shock (el Cóndor ye l Puma)' en el Gran Teatro Falla. Una imagen de 'Shock (el Cóndor ye l Puma)' en el Gran Teatro Falla.

Una imagen de 'Shock (el Cóndor ye l Puma)' en el Gran Teatro Falla. / Jesús Marín

¡Freedom, freedom! La plataforma gira y gira para darnos una perspectiva del baile en 360º. ¡Freedom, freedom! La voz enlatada de George Michael acompaña los espasmódicos movimientos de los actores en el estribillo. Shock. Electroshock ¡Free-dom! ¡Free-dom! Contraccionan en corto los cuerpos emulando las terapias, las torturas. ¡Free-dom! ¡Free-dom! También son las consecuencias del libre mercado, los horrores del neoliberalismo. ¡Free-dom! ¡Free-dom! Cada golpe de voz es una ironía. Milton Friedman recoge su Nobel, y ríe; sus chicos chilenos, sus Chicago Boys, acuden a fiestas y preparan el futuro oscuro de su país, y ríen; Ewen Cameron pregona la destrucción violenta de las mentes, de la memoria, como acto de higiene, y ríe. La plataforma gira. Y ríen. ¡Freedom, freedom! ¿Por qué no van a reír? Saben lo que hay que saber, saben quién tiene que saber y qué se hace con lo que se sabe. El andamiaje de las crisis al descubierto. La trastienda de los gobiernos puestos y depuestos. Las vergüenzas del neoliberalismo. Y todo en nombre de la ¡Freedom, Freedom!. La ‘libertad’ (el libre mercado) y sus consecuencias. Y una plataforma que gira; y 6 actores echándole arrestros a casi 40 personajes; y las ideas de un libro, La doctrina del Shock, de Naomi Klein, que se transmutan en teatro, en buen teatro. Shock. El Cóndor y el puma, de Andrés Lima. Un viaje del que nadie sale indemne.

¡Freedom! Casi tres horas confinados en el Gran Teatro Falla pero viajando desde la décima planta del Ritz de Montreal en 1957 a la casa provisional en Londres de Augusto Pinochet y Lucía Hiriart en 1999, pasando por el ataque al Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973, por la celebración de los golazos del Mundial del 78 en Argentina y por –en el mismo país, en la misma fecha, en el mismo momento del partido– las torturas, las vejaciones, a los que simplemente se opusieron a Videla.

¡Freedom! Casi se nos olvida que a las once en casa, cuando escuchamos, estremecidos, a las Madres de Mayo; cuando reímos, a mandíbula batiente, con Elvis Presley –se desata Ernesto Alterio en uno de los momentos más cómicos de la obra junto al encuentro de los Pinochet con Margaret Thatcher– ofreciéndose a Nixon como colaborador ante la amenaza comunista; cuando nos mordemos la lengua, de rabia, en la entrevista/relato a Manuel Contreras, jefe de las Dina y coordinador de la Operación Cóndor, que niega lo que Jorgelino Vergara el Mocito larga fresco (los vuelos de la muerte de los helicópertos Puma, la sangre en los calabazos, los cuerpos golpeados, destrozados...)

¡Freedom! La realidad, la del aquí y ahora, la de ser espectador de Shock (El Cóndor y el Puma) la noche del miércoles en el Falla, se desvanece en favor de ésta otra relatada en la escena y en las pantallas justificadísimas, que dan contexto al fondo y cuerpo a la forma. Y se aparecen (con maravillosas transiciones entre un cuadro y otro) las consecuencias del liberalismo voraz y del capitalismo salvaje que tuvo a América Latina como campo de ensayo y error. Y ya no sabemos dónde quedan los pies, ni la cabeza. Estamos en shock. La plataforma da vueltas, los actores (Ernesto Alterio, Ramón Barea, Natalia Hernández, María Morales, Paco Ochoa y Juan Vinuesa) giran. El ritmo es frenético y, a la vez, no existe un ápice de ligereza en lo que se cuenta.

¡Freedom! Ahora presenciamos la reunión de Ewen Cameron con el gobierno estadounidense para desarrollar sus teorías sobre el electroshock. “La nada es bella”, dice, convencido de que el lavado de cerebro es la terapia definitiva. Ahora vemos a Salvador Allende despidiéndose de sus colaboradores. Él se queda cumpliendo el mandato que el pueblo le diera tres años antes. Ahora las 44 balas que mataron a Víctor Jara. Ahora los goles de Kempes. Ahora las torturas al doctor Walter Fernández sacadas de la enciclopedia del horror, mientras que la escena se oscurece, se oscurece, se oscurece...

¡Freedom! Sombras de la ¡Freedom! Pinochet, Videla, Kissinger y la alargada sombra de la Casa Blanca detrás de todo, las teorías ultraliberales de la Escuela Económica de Chicago... “Sus teorías le dieron a Friedman el Nobel, y a Chile le dieron a Pinochet” (Eduardo Galeano). Pues eso. ¡Free-dom!

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