Arte
El cartapacio de Antonio Raphael Mengs
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Las exposiciones habituales no son si no muestras de cualquier tipo de circunstancias más o menos artísticas. Son muy pocas las que plantean otras situaciones ajenas a los meros desarrollos de lo que se expone. Lo inmediato prima sobre lo mediato. Esta que se presenta en el Centro Guerrero y que nos reconcilia con los esplendores de lo que allí ha tenido lugar en otros tiempos no demasiado lejanos en el almanaque, viene a dar un paso adelante en la propia concepción expositiva y responde a una realidad diferente: un exhaustivo análisis de una idea posibilita un desenlace que se traduce en una muestra que constata la idea motivo de estudio. La institución museística abre sus perspectivas, deja a un lado su funcionalidad ilustrativa, su código tradicional de habitáculo muestrario de imprevisibles circunstancias -los centros de arte contemporáneo ya han perdido mucho de ellos para adentrarse por otras nuevas dimensiones- y patrocina una nueva entidad: laboratorio de experiencias.
En este caso se trata de potenciar el diálogo entre la obra de Buñuel y de Hitchcock y desentrañar la esencia de sus interesadas presencias y ausencias. Los dos cineastas plantean una serie de escenas en las que subyacen las obsesiones comunes, los intereses artísticos y visuales que coincidían en los idearios artísticos de los dos míticos directores.
La exposición del Guerrero lleva a cabo el proyecto de Jesús González Requena en el cual se realiza una exhaustiva intervención en torno a algunas de las películas emblemáticas de los dos cineastas: La edad de oro y Rebeca, con la gran cama como centro de interés de la escena y de las mujeres protagonistas, los guiños entre la presencia y ausencia masculina y la espera femenina. La sangre de Los pájaros tras ser herida y Archibaldo de la Cruz al cortarse con la navaja en Ensayo de un crimen… y así, las pesadillas, los inodoros, las navajas de afeitar, los ambientes inquietantes, las miradas apasionantes y apasionadas, los juegos y los sueños, la realidad y la ficción planteadas desde una disparidad semejante en la que el genio de Alfred Hitchcock y Luis Buñuel nos sitúan en una escenografía donde los intereses, los esquemas visuales y conceptuales y la realidad contada mantienen desarrollos y desenlaces muy paralelos.
Una exposición a contracorriente que nos conduce por una realidad expositiva novedosa, con un escenario abierto donde la ficción marca las rutas de una realidad para presentir mediatos perfiles de algunos de los registros míticos de la cinematografía de estos dos grandes de todos los tiempos.
Muy importante muestra donde el cine de siempre se adueña de los espacios expositivos para mostrar el mágico sentido de una propuesta donde todos es posible o imposible.
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