Cultura

Los grafitos del Faro, desde una pileta de Gades al Museo de Cádiz

  • Se cortaron las paredes donde estaban dibujados en el yacimiento de la Factoría de Salazones para poder trasladarlos para su limpieza al centro de la plaza de Mina

Con motivo del aniversario del descubrimiento de los grafitos que parecen representar al faro, o los faros de Gades, el Museo de Cádiz ha preparado diversos materiales sobre la importancia del hallazgo, su proceso de extracción y puesta en valor que está difundiendo estos días en sus redes sociales. Un material protagonizado por algunos de los nombres propios implicados en la conservación de este documento histórico.

Así, el primer excavador del solar donde se levantaba el Teatro Andalucía, donde se encontró la Factoría de Salazones, fue el arqueólogo Luis Cobos para, después , pasar a manos de los entonces arqueólogos de la delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, Ángel Muñoz y Lorenzo Perdigones.

“Entre los años 1995 y 1996 se encontraron en ese solar distintas secuencias de su ocupación, prácticamente, desde siglo XX al siglo III a. C. y, una parte importante de ellos fueron los restos de la Factoría de Salazones romana (del siglo I a. C.) que pudieron documentar con bastante precisión”, explica Juan Ignacio Vallejo, director del Museo de Cádiz, que recuerda cómo, finalmente, los grafitos los acabó encontrando físicamente Muñoz en dos paredes diferentes de una de las piletas de este yacimiento, que en tiempos se ubicaba en la orilla septentrional de la ensenada interior de la Gades Romana.

Se trataba, exactamente, de, por un lado, un conjunto formado por dos grafitos, el que se identifica como el Faro de Gades y una pequeña embarcación, dibujados aproximadamente a una altura situada entre los 120 cm, la parte más baja, y los 166 cm, la parte más alta, desde el suelo original de la cisterna. Mientras que el segundo dibujo, encontrado en la pared perpendicular al primer dibujo, representa una figura de cuatro cuerpos escalonados con decoración de retícula romboidal, parcialmente borrados en algunas zonas.

Tras el hallazgo se presentaba otro reto, trasladarlos al departamento de restauración y conservación del Museo de Cádiz. Una fascinante labor, la de la extracción, de la que se ocupó la restauradora Carmen Machuca.

“La pileta estaba excavada en la duna, básicamente, luego tenía un muro de sillarejo con piedras más o menos amorfas que están amalgamadas, después estaba recubierto por un mortero de cal y por un enlucido, lo que permitía que la pileta fuera impermeable. Así, había que extraer de ahí los dibujos recortándolos”, introduce Vallejo que explica la técnica con la que se realizó la operación.

“Antes de sacar los bloques había que protegerlos engasándolos con gasas de escayola, después se les hizo un armazón de madera, se cortó alrededor, se vuelve a engasar, se cincha y ya se puede sacar el bloque completo”, cuenta.

Toda vez que estos bloques llegaron al Museo pasaron a las manos de Constantino Rodríguez Méndez que le quitó en engasado y el armazón para empezar a trabajar. “El restaurador se encuentra con una capa de enlucido muy fina, que es donde está el dibujo, luego una capa de mortero de cal, más sólida, y luego la piedra. Así se trataba de ir quitando la piedra y dejar en enlucido pero, a la vez, tienes que consolidarlo porque tengamos en cuenta que hablamos de una estructura hecha con materiales de hace 2.000 años. Así se fue compactando y siempre teniendo en cuenta que el dibujo quede fijo sin que se altere su aspecto pues no se trataba de echarle consolidante encima como para que se viera brillante y novísimo, de hecho, el trabajo del restaurador fue muy respetuoso con el estado de los grafitos y hasta se intuye la línea hasta donde apareció cubierto de tierra”, describe el director del Museo este “proceso complejo” que culminó, simplemente, “ya fijándolo en la pared donde hoy se exponen estas piezas”.

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