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Cultura

Veinticinco años sin Burton, un actor devorado por su visceralidad

  • El protagonista de películas como 'Equus' o 'La noche de la iguana' vivió una vida llena de excesos y de frustraciones

Lo tenía todo: belleza, talento, fama y a la mujer más bella del mundo, pero el actor galés Richard Burton, protagonista de Equus o La noche de la iguana, trufó su vida de excesos, tormentos, alcohol y frustración hasta completar un mito de cuya desaparición se cumplen 25 años.

Un derrame cerebral cerró el 5 de agosto de 1984 en Suiza la vida de Richard Jenkins, más conocido como Richard Burton, un actor sobrepasado por su visceralidad: la que canalizaba para sus mejores creaciones en la pantalla y en la escena, pero también la que dominó su vida personal hasta convertirlo en carnaza para la crónica social.

Richard Burton luchó toda su vida con el desprecio hacia su propia vocación: "Es bastante ridículo para una persona de cuarenta y cinco o cincuenta años tener que aprenderse palabras escritas por otra gente, la mayoría de ellas malas, con tal de ganar unos dólares", llegó a decir.

Sin embargo, nunca pudo dejar de hacer lo que mejor sabía. Ofrecer interpretaciones memorables en un buen puñado de grandes películas, hasta el punto de optar siete veces al Oscar, un premio que nunca ganó.

Nacido en Gales en 1925, pertenecía a la elite absoluta de la interpretación británica, compartiendo honores con Peter O'Toole, Laurence Olivier y John Gielgud. Fue nombrado "el mejor Hamlet de su generación" y deslumbró en el teatro recorriendo todo el repertorio shakesperiano con su apabullante control vocal, que le hizo asimismo válido para musicales como Camelot.

Como tantos actores de su nacionalidad, las tablas fueron su pasión y el cine de Hollywood (adonde se trasladó en 1952) su pasaporte a la posteridad.

Desde sus primeras apariciones destacables en la gran pantalla en Mi prima Raquel o La túnica sagrada, a su interpretación crepuscular en la en la adaptación cinematográfica de 1984, Burton dio vida y genio a personajes como Richard Wagner, Winston Churchill, Enrique VIII o Alejandro Magno. "Todo el mundo quiere que interprete a un príncipe o un rey... no me gusta", protestaba.

Otras películas como Equus, El espía que surgió del frío o La noche de la iguana, en la que interpretó a un sacerdote muy vulnerable a las pasiones y al alcohol demostraron que sus posibilidades iban mucho más del cine de época.

Pese a todo su talento, su vida acabó fagocitada por los dos matrimonios que le unieron a Elizabeth Taylor (1964 y 1975), la mujer por la que suspiró y contra la que despotricó.

En plenos años sesenta, mientras el sistema de estudios se desmoronaba -gracias también a la ruina causada por la película que les unió, Cleopatra (1963)-, ellos rompieron también con la imagen cándida del estrellato: sus impúdicas discusiones y sus apasionadas reconciliaciones bajaron a lo terrenal el cándido olimpo amoroso de Hollywood.

"Podría huir de ella durante mil años y seguiría siendo mi pequeña. Nuestro amor es tan furioso que nos desgastamos el uno al otro", dijo de su relación con Taylor.

Fruto de tan intrincada relación personal, la afición de Burton por el alcohol empezó a dispararse. Según sus biógrafos, antes de conocer a la actriz de ojos violeta su bebida favorita era la cerveza. Después sería el vodka.

Séptimo hijo de un minero, venía ya educado para esa masculinidad tan mal entendida. "Mi padre consideraba que alguien que fuera a la iglesia y no bebiera alcohol era intolerable. Yo crecí con esa creencia", asumía el propio Burton.

Con los años, con unos kilos de más y muchos más litros de alcohol en la sangre, llegaría a decirle a un periodista: "Puede ser todo lo despiadado que quieras conmigo. Sólo estarás haciéndome justicia".

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