“Pequeños pecados encadenados pueden llevar a una gran desgracia”
Negro sobre negro
María Soto ha escrito ‘El ladrón de veranos’, una novela donde el arte y el suspense se mezclan para tejer una historia donde un cuadro perdido de Velázquez es objeto de deseo
María Soto es una de las nuevas voces de la novela de suspense que mejor combina los diferentes géneros. Reacia a ser encasillada, la escritora, que vive a caballo entre Cádiz y Madrid, está consiguiendo el respaldo de crítica y público con su segunda novela, El ladrón de veranos (Destino). Esta semana concedió una entrevista a este periódico.
–¿Cómo surge El ladrón de veranos? ¿Era un libro que llevaba amasando mucho tiempo?
–La verdad que sí, mucho tiempo. Además es un libro que ha evolucionado mucho, porque yo lo que tenía en mente, en principio, era contar la historia de dos amigos que crecen juntos y en la que imaginan una vida llena de aventuras, de pasión, de viajes… y en un momento dado se separan y uno de ellos lleva una existencia cotidiana y cuando son adultos se reencuentran y el amigo que se marchó llega convertido en ese personaje tan fantástico y novelesco con el que soñaban. Yo quería ver cómo era la relación entre ambos. Pero luego ya la fui vistiendo para darle más glamour, más enganche al lector. De ahí los robos de cuadro o el asesinato del protagonista en el primer capítulo. Todo eso fue creciendo detrás.
–¿Y situarlo en la costa francesa tan snob, con su clase alta pavoneándose?
–Buscaba un decorado acorde con esa historia. Quería un sitio que tuviera magia por sí mismo para que cuando se reencontraran de adultos tuviera lugar en un escenario de ensueño. Y en ese periodo de entreguerras, la ciudad de Deauville se convirtió en un sitio realmente fascinante. Allí se daba cita toda la aristocracia, artistas, princesas, reyes… Es un sitio que yo conocí por circunstancias personales, que no ha cambiado mucho, que el espíritu de la ciudad es el mismo y que me permitía situar la historia de una manera fidedigna solamente retrocediendo unas décadas en el tiempo.
–Usted es periodista pero este amor por el arte, por los cuadros, por Velázquez siempre ha estado muy marcado en su carrera profesional.
–Soy licenciada en Periodismo pero me quité hace muchos años. Trabajé como periodista durante un tiempo y luego, antes de los 30, me introduje en el mundo editorial, que era la otra inquietud que había tenido desde siempre. La historia del arte me apasionaba, lo que pasa que me preguntaba cómo vivir de eso. Vamos, al final escogí periodismo que tampoco es que sea fácil jajaja… El caso es que el arte se introduce en esta historia porque yo necesitaba un gran objeto de deseo por el que lucharan los personajes de la novela, entonces descubrí que Velázquez había pintado un retrato del que sólo se sabe que representa a la excelente pintora Flaminia Triunfi. Es más, es un cuadro que se perdió y no se sabe siquiera cómo era. En lo que sí coinciden los historiadores del arte es en que lo pintó en Roma, durante un viaje en la que también realizó La venus del espejo con la misma modelo y que era su amante, con la que tuvo un hijo secreto en Roma, eso sí se sabe. Esa historia era muy atractiva para contar.
–Tengo entendido que para poder tener tiempo y escribir este libro se dedicó a concursar en algunos espacios televisivos muy conocidos como Saber y ganar o ¿Quién quiere ser millonario?
–Sí. Eso fue cuando escribí mi novela anterior, ‘Corona de damas’, que la escribí con una amiga, a cuatro manos. Por circunstancias la novela fue creciendo y ella se pudo pedir una excedencia pero yo no tenía esa posibilidad, así que lo que se me ocurrió fue hacer un recorrido por todos los concursos de preguntas y respuestas de la televisión. Me fue muy bien en ‘Saber y ganar’, llegué a ser magnífica, y la verdad que me hice todos los que había.
–¿Tenía claro que quería hacer una novela negra?
–Las editoriales tienden a poner etiquetas para poder ubicarlas en las librerías, aunque yo no la definiría como una novela negra porque precisamente el protagonista muere en el primer capítulo y no hay más muertos ni tampoco una investigación trepidante, es más bien, volvemos una semana atrás y vamos tirando del hilo viendo las relaciones personales entre los personajes. No hay un gran malo, un gran asesino, los personajes tienen pequeños pecaditos, como todos, que cuando se van encadenando pueden abocarnos a una desgracia. Lo que quería es que el lector disfrutara del recorrido de la novela más que una intriga con falsas pistas o sobresaltos.
–¿Cuesta mucho trabajo abrirse camino en el mundo editorial?
–Sí, aunque yo he tenido mucha suerte, la verdad. Esta es mi segunda novela. Busqué una agente literaria y desde el primer momento le gustaron ambas obras, en cuanto empezó a moverla por las editoriales tuvimos varias ofertas de editoriales grandes, pero reconozco que no es lo habitual.
–Vive entre Madrid y Cádiz, ¿cómo lo hace?
–Tengo relación con Cádiz desde muy pequeña, además mi marido es del barrio de Santa María, y yo realmente podría vivir en Cádiz todo el año porque trabajo desde casa, tanto como escritora como antes como traductora o asistente editorial. El problema es que el que vive en Madrid obligatoriamente es mi marido, así que voy y vengo para no dejarle solo.
–¿Qué proyectos nuevos tiene?
–Estoy enfrascada en una nueva novela, voy a cambiar de tercio. Estoy escribiendo una historia que va a estar ambientada en Tarifa, las protagonistas son unas adolescentes durante un verano en Tarifa. Tendrá su intriga, su misterio, pero me apetecía cambiar un poquito.
–¿Algún referente que le haya marcado en su estilo literario?
–Es que estudié en un colegio francés y tuve una educación muy francesa. Mis grandes referentes han sido los clásicos franceses, desde Proust, a Balzac, Flaubert, todos los novelistas franceses son un poco lo que he mamado desde chica, y es lo que sigo leyendo. Cuando estoy escribiendo y me gusta centrarme en lo que estoy haciendo si leo algo vuelvo a mis clásicos.
También te puede interesar
Lo último