Encuentro con Directores en la Fundación Unicaja Mabel Lozano: "Nadie se prostituye para comprarse un bolso de Chanel"

  • La cineasta mantuvo un encuentro con los espectadores gaditanos tras la proyección de su documental ‘El proxeneta’

  • Hoy estará con los alumnos de bachiller del colegio Argantonio

La cineasta Mabel Lozano, en la sede de la Fundación Unicaja de Cádiz. La cineasta Mabel Lozano, en la sede de la Fundación Unicaja de Cádiz.

La cineasta Mabel Lozano, en la sede de la Fundación Unicaja de Cádiz. / Lourdes de Vicente

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Aunque pueda resultar una ofensa a la inteligencia, y un tocamiento de narices importante, el discurso de “hay quien se prostituye porque quiere” sigue estando vigente en esta sociedad nuestra demasiado acostumbrada a volver la cara a los callejones oscuros de la realidad. “La trata y la prostitución van de la mano”. La ecuación entre estos vasos comunicantes es simple. “El negocio de la prostitución necesita constantemente carne fresca y, ¿dónde se busca en este país?, ¿en las oficinas del Inem?”. No, claro, que no. Países “con altas tasas de corrupción, de pobreza” son los principales surtidores de la materia prima del segundo negocio ilícito que más dinero genera en el mundo. Países a los que viajaban tipos como Miguel El Músico, El proxeneta del documental de la cineasta Mabel Lozano que ayer se pudo ver en Cádiz bajo el amparo del ciclo Encuentro con Directores de la Fundación Unicaja.

“Nadie se prostituye para comprarse un bolso de Chanel; desde luego, yo en 14 años que llevo investigando este tema y entrevistando a miles de mujeres, no me he encontrado a una prostituta feliz ni a una prostituta millonaria; y habla con una scort a los tres o cuatro años de empezar, cuando deja de sonar el teléfono...”, explica la directora de El proxeneta. Paso corto, mala leche que, en esta ocasión, pone el foco en la sórdida trastienda de las luces de neón –en quiénes son los dueños de los burdeles, en cómo son los proxenetas españoles, en cómo se lava el dinero, en cómo se captan a las chicas...– a través de la experiencia “de uno de los ideólogos de la trata en nuestro país”, Miguel El Músico.

Fue el exproxeneta –condenado, ¡a tres años de cárcel! por prostitución coactiva y trata de seres humanos por captar, explotar y vender en sus macro burdeles a 1.700 mujeres, muchas de ellas menores, “da a menos medio día de carcel por mujer”, ironiza la cineasta– quien se quiso poner en contacto con Lozano a través del inspector Jefe de la Unidad contra Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental (UCRIF), José Nieto Barroso, buen amigo de la directora “y una de las personas que más saben de este trata de seres humanos en este país”.

"Hay varios grupos de cómplices, pero los socios 100% de los proxenetas son los demandantes de sexo por pago"

“Cuando Miguel El Músico entra en la cárcel colabora con la Policía, y con José Nieto, en la desarticulación de redes. Y cuando sale quería conocerme porque quería compartir conmigo su dolor, quería que yo fuera su paño de lágrimas y expiar sus culpas compartiendo su historia. Yo, desde luego, no quería que me contara nada de eso porque he escuchado a muchas víctimas de trata y no quería una historia contada en tercera persona. Así que le contesté que lo quería que me contara es cómo eran ellos, los proxenetas, de dónde salen, cómo se blanquea el dinero producto de la compra y venta de seres humanos, quién lo blanquea...”, recuerda Lozano que cristalizó esta historia, primero, en un libro y, después, en la película que ayer se pudo ver en Multicines El Centro.

Muestra la realizadora, en definitiva, la cara oculta de una realidad que como sociedad hemos normalizado, legitimado, y, más importante, pone “cara y voz a los malos”, a estos hombres, “que son una veintena en España, los dueños de los burdeles españoles”, que “no necesitan conocer la ley sino que se adelantan a la ley”, que, de hecho, lo llevan haciendo desde el siglo pasado con la complicidad de muchos “socios” sin los cuales este negocio no sería posible.

Javier Vela, coordinador de actividades de la Fundación Unicaja, la cineasta Mabel Lozano e Ignacio Ortega, patrono de la Fundación. Javier Vela, coordinador de actividades de la Fundación Unicaja, la cineasta Mabel Lozano e Ignacio Ortega, patrono de la Fundación.

Javier Vela, coordinador de actividades de la Fundación Unicaja, la cineasta Mabel Lozano e Ignacio Ortega, patrono de la Fundación. / Lourdes de Vicente

“Hay varios grupos de cómplices, pero los socios 100% de los proxenetas son los prostituyentes, el demandante”, señala la realizadora que debutó como directora con Voces contra la trata de mujeres.

“La trata y la prostitución se rigen por una única ley, la ley de la oferta y la demanda. Por ejemplo, si se demandan menores, se captan menores”, explica Lozano que advierte que el perfil del hombre que paga por sexo “es cada vez más joven” ya que “al democratizarse la pornografía”, los chavales “a partir de los 11 años” ya están viendo pornografía en sus móviles, por tanto, “están llegando al sexo de pago a muy temprana edad”.

Un hecho que en el momento de libertad sexual en el que vivimos podría ser contradictorio si no tenemos en cuenta que quien va a comprar una mujer “no sólo va buscando sexo sino una cuota de poder, de sumisión, una cuota de usar y tirar”.

Y es que es “importantísimo”, apostilla Lozano, percatarse de “la visión de género” que encierra la trata y la prostitución: “La trata con fines de explotación sexual, no sólo es un delito que vulnera los derechos humanos sino que es violencia de género. Es un crimen contra las mujeres por el hecho de ser mujeres”.

Por ello, El proxeneta –un híbrido a nivel formal entre documental y ficción, y real por completo a nivel de contenido– no sólo se queda en el descubrimiento de una realidad solapada por una aparente normalidad sino que exige un cambio legislativo para proteger a estas mujeres. Un cambio que no debería pasar por la prohibición, “porque significaría políticas punitivas contra las mujeres que son las más vulnerables, significa multarlas a ellas”, sino por la abolición, “que se trata de vestir de derechos a las mujeres y penalizar a los causantes del delito”. Un cambio, acierta Lozano, que también lleva aparejado “un trabajo social”, un trabajo de sensibilizar, informar y educar a la ciudadanía. “De educar, educar y educar”, recomienda.

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