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Exposición

Inés Gontad se estrena en la Galería Benot con su 'color.map'

Inés Gontad posa en la Galería Benot

Inés Gontad posa en la Galería Benot / Miguel Gómez

La llamativa imagen de un huevo titulada ‘Origen’ da la bienvenida a la muestra de la fotógrafa Inés Gontad en la Galería Benot. Una pieza que es el punto de partida, el origen metafórico de la vida, pero también de este recorrido por la exposición ‘color. map’ de la artista gallega que, a su vez, también expone por vez primera en la galería gaditana, desde donde cuenta el proceso creativo y el fin.

La muestra, comisariada por el artista Cecilio Chaves, se articula en dos vertientes, una que mira al pasado y otra al futuro, y con ambas entona un canto a la vida y la creación, pero también un grito rebelde ante la tantas veces innecesaria intervención del hombre en el entorno natural. Y para ello toma como hilo expresivo y argumental su hermosa fotografía, en la que exhibe todo tipo de material del campo con magistrales composiciones en las que la luz, el color, la materia orgánica, y también inorgánica, adquieren el protagonismo. O lo que es lo mismo, Gontad ejecuta “la conceptualización fotográfica de lo salvaje”, con un resultado expositivo casi pictórico y de tintes muy oníricos.

Obra fotográfica de Inés Gontad Obra fotográfica de Inés Gontad

Obra fotográfica de Inés Gontad / Miguel Gómez

El recorrido empieza mirando la futuro, con fotografías digitales enmarcadas en metacrilato y en las que trabaja con luz artificial. Un paseo ante bellos bodegones naturales, de “living still alives, porque me gusta llamarle bodegones vivos”, narra la artista gallega Inés Gontad, que amablemente va ‘desojando’ los procesos su creación, hasta llevarnos al germen de todo.

“Desde hace siete años vivo en Chiclana y voy recogiendo todo lo que encuentro en mis paseos por el campo, el parque, las marismas, como son las flores que me gustan, hojas, también algún bichillo muerto que luego introduzco en la obra, troncos, setas...”, con las que va dando forma a ese universo creativo que proyecta en su imaginario, para luego darle vueltas y forma, hasta imprimirle el punto compositivo y estético idóneo con el que quiere transmitir y contar al espectador.

Entre estas se observan obras con coloridos pétalos y flores, troncos y elementos silvestres trabajados con luz artificial, “No hay ninguna flor fea, todas son bonitas, y me interesa el ciclo natural, como la vida misma, incluso cuando se marchitan, cuando se retuercen como en la vez, me parece maravilloso”.

Destaca la fotografía con flores casi traslúcidas con una abeja en su interior, otra donde un conjunto de champiñones protagonizan el montaje, con un bello contraste de luces y colores amarillos y azul intenso llamada ‘El ocaso del parasol’, “pues estoy muy contaminada de la luz de aquí, la luz del sur”, explica la artista gallega.

En ‘Contrapunto invertido’ hace alusión a la popular referencia pictórica del dedo de Dios, pero representado por la mano de una mujer, entre elementos vegetales y telas vaporosas, “para que aparezca la mujer creadora”. Una obra en la que juega con los blancos para resaltar el verdadero fondo y trasfondo, como en ‘Mono-lito’, en la que resalta una especie de tronco con una flor superpuesta sobre un pedestal.

También expone en el escaparate una serie, ‘Edén’, que es una especie de homenaje al pueblo de la Costa da Morte de la que son originarios sus padres.

En otra foto de grandes dimensiones al fondo de la sala, la última que conecta al futuro, los elementos florales parecen posarse delicadamente junto a pompas de jabón, “porque me encantan”, confiesa Gontad.Y la parte del recorrido que hace el guiño al pasado se presenta ante el público con una fotografía ya en papel fotográfico laminado en la que, bajo el título ‘Penitente’, una modelo posa con una especie de gorro con flores, ramas y mariposas, “como si fuera una primavera ya cerrada”, ya orquestada, en la que está todo dicho y hecho.

“Aquí quiero conectar con el primitivismo contemporáneo, y para ello introduzco marcos así dorados y barrocos que recuerden al Museo, al pasado, a lo antiguo”, explica.

Los contenedores de cristal como jarrones, vasos y otros elementos también están muy presentes, como en la obra en la que un bodegón de flores silvestres se retrata a la luz del día y de noche, con efectos muy dispares, pero igualmente cautivadores, así como la hermosa instantánea en la que se funden las copas y vasos de cristal, con el intenso colorido y el aleteo de una libélula. Un mundo mágico, pero real, en la que retrata de una singular forma la nostalgia por lo natural y la pérdida de libertad en torno a ella, debido a la irrupción humana.

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