Cultura

Corrida de bochorno, orejita para Castella, y El Cid herido

  • El ganadero de El Ventorrillo suelta una escalera en toda regla en Pamplona

Corrida de toros de sanfermines en Pamplona

GANADERÍA: De El Ventorrillo muy desigualmente presentados, con una diferencia de peso entre tres de ellos de 150 kilos. Escalera en toda regla. La corrida, de amplias y muy astifinas defensas, se quedó en los pitones, pues fue alarmantemente baja de raza y muy deslucida.

TOREROS: El Cid, cogido por su primero en el inicio de faena, no llegó a estoquear. Sebastián Castella, silencio; oreja tras aviso y ovación tras dos avisos. Manzanares, silencio tras aviso; silencio y silencio.

Incidencias: En la enfermería fue operado El Cid de cornada con dos trayectorias, una superficial y otra ascendente, en la cara anterior del muslo izquierdo con trayectoria de 10 centímetros, que afecta tejidos musculares además de otra que le atraviesa el escroto. Menos grave, fue trasladado al hospital. Lleno.

Tenía El Cid una deuda pendiente con esta ganadería, uno de cuyos toros le puso en evidencia en la pasada Feria de Sevilla. Un buen toro que le hizo daño, pues no estuvo entonces el torero a la altura de las circunstancias.

Y ahora estaba empezando El Cid a recuperarse. Una gran actuación en Burgos marcó el inicio de otra irresistible ascensión.

Pero al encontrarse ayer en Pamplona con otro astado de esta misma divisa, las cosas se le han vuelto a torcer. Un serio percance en el segundo muletazo, cuando lo estaba probando. El toro fue certero, dejándole fuera de combate. Dos cornadas, una en la pierna y otra en el escroto.

Obligado mano a mano. Se hizo cargo Castella del toro agresor, que después no fue nada en la muleta, sin codicia ni empuje. Casi sin terminar de armar faena, Castella lo mató sin más. El tercero, segundo que liquidó el francés, fue toro mentiroso. Manso,  la faena, fundamentada en el pitón derecho, tuvo poca consistencia. La estocada fue buena. Y el palco, muy generoso, le dio una orejita de más voces que pañuelos.

Prometió el inicio de faena al quinto, pero se impuso pronto la mansedumbre del astado, y además, Castella mató mal.

Lidió Manzanares en segundo lugar el que iba a ser primero de su lote. Un toro suave, quedándose cortito en el viaje. Manzanares lo toreó  sin decir nada.

El cuarto tuvo hechuras de novillo y andares de borrico. Un buey en toda regla que se echó como manso y el sexto, a punto de cumplir seis años, era una raspa, pero uno de los pocos toros con cierta clase, aunque Manzanares lo toreó superficial.

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