El mar se enturbia en Sanlúcar: temporales, normas europeas y falta de relevo ahogan a la pesca
Las lluvias y temporales mantienen a la flota de cerco parada, con pérdidas diarias que superan los 4.000 euros y una temporada que ya empieza con retraso
La falta de relevo generacional y el endurecimiento de la normativa europea agravan la incertidumbre de un sector clave para la economía de la Costa Noroeste
La flota de Sanlúcar volverá a la normalidad tras las adaptaciones del Reglamento de Control de Pesca
2026 no está siendo un buen año para el sector primario. Menos aún para los pescadores del Golfo de Cádiz, que atraviesan una crisis que, si bien se agrava por problemas tan visibles como los recientes temporales —que han mantenido a los barcos amarrados en puerto sin poder faenar— o los días de huelga en protesta por la normativa europea, esconde una disyuntiva mucho más compleja y dolorosa para una de las actividades más importantes y señeras de la Costa Noroeste de Cádiz, y de Sanlúcar en particular. El sector pesquero afronta, además, una preocupante crisis generacional.
La situación en el puerto de Bonanza, uno de los más importante de la provincia y de Andalucía, aparenta cierta normalidad. Los camiones llenan el aparcamiento del puerto a primera hora de la tarde, a la espera de recibir las cajas con los productos del mar que están siendo subastados en la lonja. Sin embargo, la preocupación y la incertidumbre se palpan en los rostros de marineros, pescadores y trabajadores del mar. Los últimos temporales han hecho mucho daño al sector. Las continuas lluvias torrenciales y los fuertes vientos contrastan con una jornada en la que el azul del cielo solo se ve enturbiado por cientos de gaviotas que embellecen aún más la significativa estampa del puerto.
La flota de arrastre ha vuelto a la actividad, consciente de la necesidad de recuperar tantos días de paro forzoso, aunque sabiendo que será imposible compensarlos por completo. Son ya dos semanas intentando regresar a la normalidad tras un inicio de 2026 en el que los barcos apenas han podido salir a faenar —entre ocho y nueve días como máximo— y con tres semanas consecutivas, entre finales de enero y principios de febrero, en las que más de 60 embarcaciones permanecieron amarradas en puerto.
La flota de arrastre de Sanlúcar representa más del 50% del conjunto del Golfo de Cádiz. La Cofradía de Pescadores denunció públicamente hace unos días la extrema gravedad de mantener esta flota parada. "Esta situación de inactividad forzada está teniendo un impacto económico y social muy grave, no solo sobre los profesionales del mar, sino sobre toda la cadena de valor asociada a la pesca: lonja, transporte, comercialización, industria auxiliar, restauración y economía local", denunciaba en sus redes. Quince días después, son los propios profesionales quienes tratan de sacar la situación adelante, sin más ayuda que su propio esfuerzo, en un puerto donde hace justo un año el ministro de Agricultura y Pesca, Luis Planas, presumía de “respaldar” al sector.
Peor suerte está corriendo la flota de cerco, más pequeña pero como mínimo igual de significativa. Las lluvias y sus consecuencias aún no han permitido que estos barcos hayan podido faenar en lo que va de 2026. Su temporada debía haber comenzado el pasado 1 de febrero, tras el obligado paro biológico que mantienen desde octubre, pero las embarcaciones continúan en la misma posición que entonces.
La gran cantidad de precipitaciones ha enturbiado el agua del mar y, como explica uno de los marineros del sector, "el cerco necesita el agua cristalina". Son solo cuatro barcos los que salen desde Bonanza, y continúan a la expectativa.
Los pescadores, con resignación, hablan de pérdidas de entre 4.000 y 5.000 euros diarios por cada jornada sin actividad. Un drama al que no se le vislumbra una salida inmediata. En contacto continuo con compañeros de otros puntos del litoral, aseguran que tampoco se está faenando cerca del Estrecho, donde el agua del Atlántico entra en contacto con el Mediterráneo y, en teoría, debería reducir la turbidez, mucho más acusada en la Costa Noroeste, donde confluyen las aguas cargadas de sedimentos del Guadalquivir.
Como un halo de esperanza, esperan la llegada del anunciado levante en los próximos días, con la confianza de que pueda limpiar las aguas y permitir que los cuatro barcos de cerco retomen su actividad.
Se buscan jóvenes pescadores
El presente golpea con fuerza al sector, preocupado por sacar adelante el día a día entre trabas administrativas e inclemencias naturales. Pero, en el fondo, todos estos problemas evidencian un futuro incierto marcado por la falta de relevo generacional.
Pocos jóvenes se atreven a echarse al mar, y los motivos son claros. "En la pesca uno entra por pasión, pero también porque se ganaba dinero", advierte un marinero preocupado por una escasez generacional que, tarde o temprano, pasará factura. De hecho, ya lo está haciendo. En la flota de cerco, hace apenas cinco años había 17 barcos; hoy solo quedan cuatro. "No tenemos relevo generacional simplemente porque no es rentable", explican desde el puerto.
Preavisos, registros de capturas, cámaras en las embarcaciones… La normativa europea, denuncian, está asfixiando a un sector que sobrevive entre lo que consideran un exceso de control y medidas con un afán más recaudatorio que medioambiental. "Están esperando a que cometas el fallo para sancionarte", afirman con rotundidad, convencidos de que, cuando había menos controles, había más especies en el mar.
"Que se suban al barco y vengan conmigo los que han puesto la normativa —retan—, a ver cuánto tardarían en cambiarla".
Temas relacionados
1 Comentario