Isabel Pérez (ganadera): “En el campo no aprendes nada malo”

Una de las pocas mujeres que dirige su propia explotación en la Sierra cuenta que “los temporales no nos han dado tregua. Esto ha sido una guerra”

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Isabel Pérez, con algunas de sus cabras en su explotación ganadera.
Isabel Pérez, con algunas de sus cabras en su explotación ganadera.

Isabel Pérez es una de las pocas mujeres que posee su propia ganadería. 180 cabezas entre vacas, cabras y ovejas que pastorea en Benaocaz, el precioso pueblo serrano situado en la falda de la Sierra de Grazalema. El huracán sin ojo que derramó su furia sobre la comarca en estos últimos meses ha puesto en jaque a sus animales. Si ya es duro sobrevivir en el sector primario, hacerlo en unas condiciones meteorológicas tan adversas resulta casi milagroso. “Esto ha sido como una guerra”, cuenta Isabel, que explica que la mala situación de las carreteras les impedía llegar en los vehículos hasta su explotación. “Nos quedábamos a unos cientos de metros, pero teníamos que sacar la leche a cuesta. Ymenos mal que nos pilló con reservas de pienso y forraje”.

La tempestad ha tenido sus consecuencias en la economía, muy sensible a cualquier vaivén, en forma de subida de costes. “Los animales se resguardaban en sus corrales, pero no podían salir al campo a comer. El precio de los piensos se incrementó, como el de las alpacas de paja, lo que unido a la bajada de producción ha supuesto un golpe. Han sido unos meses tremendos. Los ganaderos lo hemos pasado muy mal. No nos daba tregua. Llegaba a los corrales y no sabías lo que te ibas a encontrar”, cuenta.

Isabel nació en Ronda, de donde también es su padre, de quien heredó la pasión por la ganadería. A los 19 años se vino a vivir a Benaocaz, donde su padre montó la explotación ganadera que ahora regenta. Estudió peluquería y también trabajó en la hostelería, pero tenía claro que “no me iba a morir con un cepillo en la mano, yo me moriré con mis cabras”, afirma riéndose.

Hablando con Isabel queda patente su amor por sus animales y su pasión por un trabajo “que si no te gusta, no se hace. Simplemente el hecho de que se te escape un chivo y haya que ir a buscarlo monte arriba supone un esfuerzo. Hay que estar muy pendientes de ellos. Las cabras y las ovejas comen todos los días. Paso muchas noches sin dormir preocupada por cuestiones de la explotación. Aquí no caben las vacaciones. Si quiero unos días libres para descansar tengo que pedirle ayuda a mi padre, que aunque está jubilado se presta a echarme una mano”.

Isabel Pérez, con sus cabras.
Isabel Pérez, con sus cabras.

Isabel tiene una hermana, pero no se dedica a la ganadería. No es muy común ver a mujeres en el sector, aunque reconoce que en Benaocaz no es la única. “Aquí hay dos o tres más, y en Villaluenga también. Sin contar que hay muchas mujeres que van a ayudar a sus maridos al campo. Lo que ocurre es que lo habitual es que la explotación esté a nombre del hombre, y en mi caso esto no ocurre así”.

La leche que dan las vacas, ovejas y cabras de Isabel se lleva a la quesería Quesos Sierra de Ubrique, aunque su familia también sabe hacerlos. “Si alguna vez tenemos el antojo para nuestro propio consumo los hacemos. Yo sé hacer queso desde pequeña. Me enseñó mi padre. Y mi marido también ha sido cabrero de toda la vida. Es algo que llevamos muy dentro. Es un trabajo, pero no sólo es un trabajo. Los animales forman parte de tu familia. Tienen sus nombres, los cuidamos, es una forma de vida”, cuenta.

Isabel tiene dos hijos y reconoce que el relevo generacional cuesta. “Yo hice el curso de maestro de pastores, porque si con mi experiencia puedo ayudar a los jóvenes y darles consejos, mejor. Hay relevo generacional, pero está cada vez más difícil. Somos cada vez menos los que queremos quedarnos en el campo. Como madre me gustaría que mis niños estudiaran, pero también entiendo que tiene que haber ganaderos, agricultores, albañiles..., de todo, porque si no, el sector primario se va al garete”.

Isabel nos cuenta que cada vez que sus tareas escolares se lo permiten se lleva a sus hijos al campo. “Veo a la gente corriendo, estresada, con el móvil pegado a los ojos. En el campo no aprendes nada malo. Resolver los problemas que se van presentando día a día te da sabiduría. Llegas a conocerte bien. En el campo eres tú mismo. Se tienen las ideas más claras”, dice para finalizar antes de continuar con su trabajo, con sus cabras, con sus ovejas, con su vida.

Esperando las ayudas para poder seguir adelante

Ya sea por los temporales o las dificultades para alimentarse, pero el sector ganadero está viviendo un año 2026 muy complicado. “Estamos ante la peor campaña en lo que se refiere a nacimientos que yo recuerdo”, dice Isabel Pérez. Por esto, y para ayudar a subsistir a pequeñas explotaciones ganaderas como la suya, tanto el Gobierno central como la Junta de Andalucía han destinado importantes partidas económicas que deben ir llegando próximamente. Lo ideal, tal y como ya destacaron desde la Confederación de Empresas de Cádiz, es que ese dinero llegue con rapidez. Isabel también lo espera. “De momento estamos ahí pendiente de tener toda la documentación para reclamar las ayudas. Hay que ir mirando en todo lo que nos ha afectado este tren de borrascas”. Y es que una simple alpaca de paja vale tres euros. Y los animales tienen que comer todos los días. Las pérdidas han sido millonarias.

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