Provincia de Cádiz

La historia del primer caso de coronavirus en Cádiz: "Me empecé a preocupar cuando vi que moría gente"

  • El militar Francisco Jiménez abrió las estadísticas de COVID-19 de la provincia. Ya está recuperado y ha vuelto esta semana a su trabajo en la base de Rota.

  • "Ha sido un confinamiento en sumo grado y por adelantado. Por toda la casa había cubos de agua con lejía"

El subteniente en su vuelta al trabajo. El subteniente en su vuelta al trabajo.

El subteniente en su vuelta al trabajo. / D. C.

Francisco Jiménez es el caso cero en Cádiz, el primer positivo en una lista que luego empezó a crecer hasta superar los mil afectados por coronavirus en la provincia. Residente en El Puerto y subteniente de la Armada, le tocó enfrentarse a la enfermedad cuando aún no había estado de alarma, "un confinamiento en sumo grado y por adelantado", dice ahora con humor, ya de regreso al trabajo, en la Base de Rota, recuperado y dispuesto a "ayudar en lo que haga falta".

Atrás queda un encierro en una sola habitación, cubos con agua y lejía repartidos por toda la casa, donde además del malestar por la propia enfermedad le tocó vivir el "pánico" de la gente de alrededor. "Fui el primer caso, imagina, y la noticia corrió como la espuma. Recibía muchas llamadas para saber dónde había estado yo, con quién estuvo mi hija, del colegio...".

Todo empezó el epicentro de la pandemia, aunque él nunca estuvo. A final de febrero, cuando aún nos creíamos que eso del coronavirus era en China, su mujer- que tiene una empresa de de joyería- viajó a Milán para una feria de la moda. Le acompañó su hija, que se quedó en casa de unos amigos en la ciudad, mientras su mujer se fue a un hotel en Bérgamo, el punto neurálgico desde que días más tardes empezaría a extenderse el virus. "Ya estando allí fue cuando empezaron a llegar las primeras noticias. La Feria quedó suspendida y mi mujer y mi hija esperaron metidas en el hotel el vuelo de vuelta".

"Y al final quien lo cogí fui yo", apunta. Él y su hija (que vive en Sevilla con sus abuelos). "No sé en qué momento me lo pegaría pero mi mujer no lo cogió". Y eso que cuando regresaron del viaje ya empezaron a tomar precauciones. "Llamé al hospital de El Puerto, donde nos dijeron que hiciéramos vida normal si no teníamos síntomas. No los teníamos".

"Fui el primer caso, imagina, la noticia corrió como la espuma".

Sin embargo, a la semana siguiente, un martes de principios de marzo, Francisco empezó a sentirse mal. "Me levanté regular, con malestar como de gripe, pero no tan mal como no para ir al trabajo. Pero estando allí me empecé a sentir peor. Por eso no salí de mi despacho, ni fui a la cafetería ni a hacer deporte que como militar tenemos que hacer ¡Menos mal!", dice ahora.  Francisco recuerda que avanzaba muy rápido. "Que ya por la tarde tenía muchísimo frío, estaba en cama y a los dos días vino lo peor, con muchos dolores de cabeza que solo había sentido algo parecido cuando estuve con una neumonía. Era horrible", recuerda.

Ese viernes sanitarios fueron a casa a hacerle la prueba del COVID-19, "porque al principio venían a los domicilios", manifiesta. "Me comentaron que ese día iban a hacer otras tres, no sé si los demás dieron positivo, pero puede de verdad que yo fuera el primero", señala. Y después de la confirmación "vino lo peor".

"Y no por los síntomas, que prácticamente ya desaparecieron, pero por el confinamiento total que viví", rememora. El subteniente recuerda que su casa, con su mujer y tres niños, se convirtió en un bunker. "Me llevé tres semanas en mi cuarto, solo salía para el baño y sin cruzarme con ninguno, y cada vez que salía... a limpiar todo. Había cubos con agua y lejía por todos lados de la casa. Mi úujer bajaba al supermercado, pero le miraban mal, y nos ayudaban algunos amigos que dejaban en la comida en la puerta".

"Me llevé tres semanas en mi cuarto, solo salía para el baño y sin cruzarme con ninguno de mi familia"

Su vida de marino y militar le ayudó en determinados momentos. "Navegamos muchos meses con mucha gente en lugares pequeños, y yo lo hacía cuando no había internet ni nada de eso, y haber pasado por una academia también cuenta". El militar isleño explica que en la Base mandaron a todos sus compañeros a hacer cuarentena y desinfectaron todas las instalaciones "y mi despacho, que aún tengo papeles mojados".

Al final de la semana pasada empezó a ver la luz. Le confirmaban que ya estaba curado y este martes empezó a trabajar. "Fue una alegría poder salir a la calle aunque sea para ir a trabajar", explica contento, aunque tenga que seguir en casa como otro ciudadano más el resto de la jornada.

Porque otra de las cosas que peor ha llevado es sentirse, él y su familia, aislados. "La gente de alrededor tenía pánico", explica. "Desde el SAS llamaban pero cada vez lo hacían menos porque ya empezó a liarse más. Yo ya estaba sin síntomas pero me empecé a preocupar cuando vi que moría tanta gente".

Ahora recuperado, quiere ayudar como voluntario en lo que pueda, y da un consejo desde su experiencia. "Está más cerca de lo que creemos y se puede coger a la mínima", incide, por lo que anima a seguir tomando precauciones.

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