Cocaína por el Guadalquivir: El clan de los Balcanes habla andaluz
Parte del alijo récord de diez toneladas de droga interceptadas cerca de Canarias iba a entrar en la península a través de narcolanchas por el río, en una nueva alianza entre mafias locales e internacionales
Cocaína: Conexión Cádiz
Una montaña de diez toneladas de cocaína como la que la Policía Nacional incautó la pasada semana en un buque que navegaba rumbo a España es una fortuna. Teniendo en cuenta que el gramo de farlopa se sigue vendiendo en la calle a 60 euros, la bonita cifra final del valor de lo intervenido llevaría un seis delante y un puñado de ceros detrás tan largo como un invierno lluvioso. El golpe policial, sin precedentes en este tipo de actuaciones hasta la fecha –la mayor intervención en alta mar se remontaba a 1999, cuando se interceptó el buque Tammsaare con 7.500 kilos de cocaína ocultos en su proa–, vuelve a poner de relieve la predilección de los cárteles de narcotraficantes de la coca por la denominada Ruta Africana, cuyo vórtice final en Europa se adentra en tierra por la desembocadura del Guadalquivir.
Los investigadores de la Brigada Central consideran que detrás de este alijo de época se encontraría el denominado clan de los Balcanes, que habría financiado la mayor parte de la droga en connivencia con organizaciones andaluzas, turcas y gallegas. Cuando se habla del clan de los Balcanes es conveniente aclarar que no estamos ante una única organización al estilo de los tradicionales cárteles sudamericanos (Cali, Medellín, Sinaloa o los Zetas…) sino a una red formada por grupos criminales de diferentes países de la Europa del Este (principalmente albaneses, serbios y croatas) que en los últimos tiempos han ganado peso en el tráfico de cocaína hacia el resto del continente.
Esta especie de cooperativa de narcos ha establecido colaboraciones con organizaciones latinoamericanas para transportar el material y se ha aprovechado de sus rutas marítimas desde Brasil, Ecuador o Colombia hacia el viejo continente. Para ello se valen de puertos de África Occidental como puntos intermedios. Camuflan sus cargamentos entre sal (como este), bananas o mangos y solo la cooperación internacional con agencias tan bien informadas como la DEA norteamericana dan al traste con sus transacciones comerciales. La Policía y Europol consideran al clan de los Balcanes una de las amenazas más peligrosas para la seguridad europea por su acceso a alijos de gran volumen y su sofisticación operativa.
De hecho, además del alijo de diez toneladas que viajaba en el United S el Ministerio del Interior informó el jueves de otra importante operación conjunta, liderada por funcionarios de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria, en colaboración con la Guardia Civil y la Policía Nacional, que culminó con 30 detenidos y la desarticulación de tres organizaciones criminales vinculadas al Clan de los Balcanes que operaban de forma coordinada para introducir grandes cantidades de cocaína procedente de Colombia a través de las costas de Cádiz.
En este caso la intervención acabó con la incautación de 2.475 kilogramos de cocaína, 166.000 euros en efectivo, joyas y relojes valorados en 100.000 euros, ocho vehículos de alta gama, armas de guerra, 215 garrafas de gasolina, así como diverso equipo náutico y escalas empleadas en los asaltos a los buques y dispositivos de geolocalización.
Duros golpes policiales
No son los únicos golpes fuertes que se ha propinado al clan de los Balcanes en los últimos tiempos. A finales de 2024 once miembros de una red vinculada a este clan fueron arrestados en una operación conjunta en Croacia, Serbia y Bosnia, con armas, dinero y vehículos incautados. Ese mismo año, una operación coordinada por el Ministerio del Interior de España y Europol acabó con el arresto de 40 personas y confiscó cerca de ocho toneladas de cocaína en varios países como parte de una investigación global sobre el tráfico desde Sudamérica. Más recientemente, el pasado mes de diciembre, una macrooperación en el Campo de Gibraltar desarticuló una célula establecida en esa zona, con 30 detenidos y 2.550 kilos de cocaína intervenidos, una de las mayores incautaciones recientes relacionadas con el cartel. Estas acciones reflejan la cooperación internacional policial en curso contra esta red.
En el carguero interceptado a 535 kilómetros de Canarias, el United S, de bandera de Camerún, y que debía llevar sal de Brasil a Turquía, viajaban 13 hombres. Siete de ellos eran indios, cuatro turcos y dos serbios. Todos han sido detenidos. Los dos últimos viajaban como garantía de que la droga llegara a su destino final. Una de las particularidades de la denominada operación Marea Blanca radica en que distintas organizaciones iban a recoger la mercancía con narcolanchas en alta mar, lo que precipitó el abordaje del buque.
Este tipo de incautaciones muestra la escala masiva del tráfico transatlántico de cocaína, y aunque no siempre se vincula directamente al cártel de los Balcanes en cada caso, las rutas marítimas que utilizan estas organizaciones para enviar droga desde Sudamérica pasan precisamente por el Atlántico y llegan a puertos europeos –siendo una de las modalidades de tráfico más relevantes actualmente–.
La mayor parte de la coca que llega a Europa actualmente lo hace oculta en contenedores de mercancías legales en puertos como Algeciras, Hamburgo o Rottterdam. Esto exige a los narcos contar con una logística compleja que, a menudo, implica la corrupción a diversos niveles en puertos, aduanas y transporte.
El otro método utilizado es el de las narcolanchas,monstruos marinos de varios motores que pueden alcanzar hasta los 65 nudos de velocidad y que recogen la droga de los buques nodriza para llevarlo hasta puntos concretos en los márgenes del Guadalquivir. Esto ha propiciado el fortalecimiento de narcos que históricamente eran paleros –se dedicaban a robar la droga a otras organizaciones– y que ahora se han situado en lo más alto de la cadena alimentaria. Las embarcaciones entran por Sanlúcar y remontan el río hasta guarderías seguras y vigiladas por hombres armados hasta los dientes.
Porque esa es la otra arista de la historia del clan de los Balcanes. Después de que la guerra que desangró la antigua Yugoslavia finalizara el armamento utilizado por los diferentes contendientes entró en la corriente sanguínea del mercado negro. Hay hombres que una vez que prueban la sangre ya no quieren beber otra cosa. Muchos combatientes se hicieron mercenarios, otros directamente se pasaron al lado oscuro y se convirtieron en asesinos a sueldo, narcotraficantes o hasta ambas cosas a la vez. Las fuerzas de seguridad del Estado llevan tiempo alertando de la proliferación de armamento de guerra entre los clanes que operan en el sur de España. Buena parte de esos AK-47 (los Kalashnikov de toda la vida) que se incautan provienen de la Guerra de los Balcanes. Otros lo hacen desde conflictos desatados en el Magreb. Hace unos años todo narco que se preciara tenía en su casa una televisión del tamaño de un cine pequeño y un jacuzzi. Ahora, antes que todo eso, poseen un kalashnikov cuyo gatillo aprietan ante cualquier amenaza. Es la guerra.
Precisamente las intervenciones de fusiles de asalto de este tipo en distintas operaciones antidroga desarrolladas en los últimos dos años en la provincia de Sevilla refleja estos vínculos de las organizaciones locales que controlan el río Guadalquivir con las mafias de los Balcanes, así como las colombianas que traen la droga desde su origen. Se hallaron kalashnikovs, por ejemplo, en manos de guardias armados en una nave de La Puebla del Río en la que se intervinieron 2.800 kilos de cocaína en enero de 2025. O, unas semanas antes, en diciembre de 2024, en una operación en la que se encontró el mayor alijo de esta droga en la historia de Sevilla, siete toneladas que estaban ocultas en contenedores de transporte marítimo en una finca de Coria del Río. Igualmente, es el arma que utilizaron los narcos que abrieron fuego contra cinco policías en Isla Mayor, en noviembre de 2025, en un tiroteo en el que uno de los agentes recibió un balazo en el vientre.
Otros antecedentes avalan la sospecha policial de que el río iba a ser utilizado para introducir en la península Ibérica parte del alijo récord de cocaína incautado en el United S. El uso de un barco fondeado en alta mar al que llegan narcolanchas y van transportando la droga hasta las distintas guarderías en el entorno del Guadalquivir ha sido una práctica habitual desde que las mafias de la cocaína empezaron a utilizar el río, tradicionalmente reservado al tráfico de hachís procedente del norte de África.
Las detenciones de dos sevillanos en sendas operaciones desarrolladas en alta mar así lo indica. Uno de ellos fue arrestado en enero por la Marina francesa en el Caribe, a bordo de un pesquero en el que se hallaron 9 toneladas de cocaína. El abordaje se produjo a 1.300 kilómetros de Martinica. El segundo se encontraba entre la tripulación de un narcosubmarino interceptado en marzo por la Policía portuguesa en las Azores, cargado con 6,5 toneladas de cocaína.
A pesar de los esfuerzos de las autoridades, parece cada vez más claro que los cárteles colombianos y el clan de los Balcanes se han enamorado del Guadalquivir y sus marismas.
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