La ola de la salvación de la UME frente a los tsunamis en Cádiz
Emergencias
Más de 400 miembros se despliegan por Chipiona y otras zonas de la provincia para recrear de manera precisa una actuación frente a una catástrofe como esta
Los militares rescatan a personas en el agua y montan un campamento para alojar a personas que se hayan quedado sin vivienda
Imágenes del simulacro de la UME en la provincia de Cádiz
Una ola inmensa ha llegado a las costas del Golfo de Cádiz en la noche del martes. Como si fuera el maremoto de 1755 que se extendió desde Lisboa hasta Cádiz, hay una emergencia de nivel 2 y la Junta de Andalucía ha pedido la intervención de la UME (Unidad Militar de Emergencias), que se está desplegando por toda la zona para tratar de prestar toda su ayuda en el salvamento y rescate de las personas, en darles un alojamiento y también en encontrar a las posibles víctimas sin vida.
Esta vez es un simulacro pero estando en la zona que estamos, la UME ha desplegado entre el miércoles y el jueves a unos 400 efectivos por las provincias de Cádiz y Huelva para enfrentarse de una manera lo más precisa a posibles situaciones que se pueden producir.
De hecho, los propios mandos sobre el terreno de la UME van recibiendo durante estos dos días las incidencias y las misiones que tienen que desempeñar y sobre el mismo momento deben tomar decisiones que son las que al final puede depender la vida de mucha personas. Todos esos entrenos se evalúan para ir viendo en qué se ha acertado y en qué se puede mejorar.
En la plaza Poeta Miguel Hernández de Chipiona, está una especie de pabellón llamado Expocabalgata. Delante del mismo hay numerosos vehículos de la UME y personal de esta unidad que han venido desde la base que tienen en Morón de la Frontera y otros que han venido de Torrejón.
Tal y como ha explicado el teniente coronel José Alberto Gallego, jefe del Segundo Batallón de la UME, este tipo de ejercicios “nos viene muy bien porque siempre tenemos que estar preparados para cualquier emergencia sobre la que pueda haber la más mínima probabilidad de ocurrencia. Ya lo hicimos con el riesgo volcánico y al final se produjo”
Allí están descargando material para montar un campamento de emergencia, algo que hacen con una velocidad increíble. El capitán Roberto Moronta encabeza el Grupo de Apoyo a Emergencias y es precisamente el responsable de esa parte del simulacro, donde en el caso de que se produjera alguna catástrofe como esa serían los que cogerían a las personas que han podido salvar la vida pero que se han quedado sin techo durante unos cuantos días u horas hasta que encuentren algo más estable.
En ese tipo de instalaciones pueden llegar a albergar hasta 300 personas pero el capitán Moronta incide en que es algo temporal: “Aquí cubrimos todas las necesidades básicas para toda la persona que venga, pero no deja de ser algo rudimentario”.
En ese emplazamiento que es sólo un ejemplo para que la población pueda ver cómo sería un campamento de este tipo, ya que está situado en una zona que sería inundable, se pueden ver desplegadas un buen número de literas y encima de cada una de ellas una manta, un saco y un kit de limpieza que tiene una duración de tres días y que se puede ir renovando cada período.
En otra de las zonas de ese pabellón chipionero se encuentra la llamada parte de comedor y vida, donde los alojados pueden ir pasando el día a salvo de las inclemencias y los problemas que puede provocar un tsunami, terremoto o fuerte tormenta con inundaciones.
Y tal y como ha ido enseñando el capitán Moronta, normalmente se trata de montar este tipo de instalaciones en naves o polideportivos que ya tengan duchas y baños, pero aclara que en el caso de que no los tengan, la propia UME podría montar unos portátiles.
La manutención también corre por cuenta de la UME, ya que cuentan con equipos de cocina que se desplazan hasta la zona con problemas para proveer de la alimentación necesaria. En el caso de que no pudieran hacerlo, Cruz Roja o Protección Civil podrían proporcionar esa alimentación que también tiene en cuenta las distintas creencias religiosas o las alergias o intolerancias que pueda tener las personas que puedan estar alojadas allí.
Y en el paso de entrada, lo más importante. Un par de miembros de la UME reciben a las personas que llegan a la nave y se le toma los datos “porque eso nos permite a nosotros y a todas las instituciones controlar a todo el personal que está desaparecido y en búsqueda. Se hace un registro , cumpliendo la Ley de Protección de Datos, pero eso va a una base vinculada a la Policía Nacional, la Local y la Guardia Civil”.
El dispositivo que ha desplazado la UME a las provincias de Cádiz y Huelva es enorme. Así, para este ejercicio han llegado a utilizar un helicóptero, drones, embarcaciones, un puesto de mando y las máquinas de ingenieros, que también procedieron a llevar a cabo diques de contención y canalizaciones, y equipos cinológicos con perros, unos especializados en buscar a personas con vida y otros para los fallecidos.
A unos 40 kilómetros de allí, a la altura del Portal en Jerez hay un viaducto por el que pasa al tren a bastantes metros de altura sobre el río Guadalete. Un helicóptero ha sobrevolado la zona y el capitán Alejandro Tejero con una tablet ha ido señalando y avistando las posibles víctimas que se han podido encontrar en un ejercicio que ellos no conocen todos los pormenores. Esos datos van a un puesto de mando que son los que van poniendo en marcha las acciones a seguir en cada caso.
Hay una clave en todo esto y una palabra que está por encima de todo y es que hay que saber priorizar. En un ejercicio como este pero, sobre todo, en la vida real, hay que priorizar dónde se va a acudir porque normalmente las necesidades que se producen en una catástrofe como un tsunami son incontables y los medios nunca son suficientes del todo.
De hecho, en cuanto a las víctimas o afectados hay unos colores para identificarlos que van desde el verde, que es que se pueden valer por sí mismos, al negro que es la muerte, pasando por los intermedios del amarillo y el rojo. Este último suele ser una prioridad porque reviste un estado de gravedad y su vida puede estar e juego.
Bajo ese viaducto hay un coche que se ha quedado hundido y sobre el techo hay una persona que está esperando a que lleguen los miembros de rescate.
Como explica el propio Tejero, aunque dentro de la UME todos tienen una formación general, después cada uno de ellos está especializado en una función, que van desde los rescates terrestres, acuáticos, verticales, ingenieros, etcétera. En el caso del coche hundido se trata de un rescate acuático.
Una vez que llegan los equipos de la UME se introducen en el agua varios miembros con una camilla y tras situarse en una posición favorable por la corriente, introducen a la persona en la camilla y la llevan hasta tierra para ponerla a salvo.
Sin embargo, los rescatadores se encuentran con una sorpresa y es que dentro del vehículo hay otra persona que está fallecida y se comunica por radio el color más temido, el negro.
En ese mismo viaducto hacen otra operación mucho más complicada y es que en una altura de unos cinco metros en el pilar se encuentra una víctima (en este caso recreada ya que se trata de un bulto con forma de persona) que en el ejercicio le informan que está inmóvil y no saben si se encuentra con vida.
Dos miembros de la UME que están radicados en Canarias se adentran en el agua con una saca con boquetes para poder desaguar y que transporta una serie de herramientas y un taladro porque el objetivo es subirse arriba, fijar una sujeción y con una cuerda que traslada su compañero, montar una tirolina que acaba en el frontal de uno de los vehículos militares donde se fija la cuerda. Lo que se quiere hacer es que a través de esa tirolina se pueda llevar la camilla con la víctima.
Lo primero que tenían que hacer era tirar una cuerda para arriba que pasara por una de las vigas del puente para poder escalar los cinco metros de altura. Esta tarea se complica porque el operario de la UME no conseguía el arco adecuado debido a la altura del agua.
Al final lo consiguió subiéndose a una gavilla que sobresalía y ya a partir de ahí pudieron escalar hasta arriba. Una vez allí, informaron que la víctima estaba viva y que tenía 12 años. Con el taladro pusieron la fijación en el pilar y por el otro lado se hizo lo propio en el vehículo de la UME.
Tras una operación complicada y minuciosa, se subió a la chica en la camilla y por la tirolina se fue llevando hasta la orilla, donde ya se le iba a trasladar a un centro sanitario.
Por otro lado, los perros estaban en una zona de Chipiona buscando personas vivas desaparecidas, mientras que otros a bordo de embarcaciones lo hacían por el río y el embalse de Guadalcacín buscando a los que no tenían vida. Todo ello con una coordinación fundamental para tratar de hacer un trabajo muy eficiente.
Por la mañana temprano, el alcalde de Chipiona, Luis María Aparcero, incidió en la importancia de que se lleve a cabo un ejercicio como este en su localidad y en los alrededores debido a que se encuentra en una zona con un especial riesgo sísmico “y hay que estar preparado para todo”. Asimismo, se ha mostrado muy satisfecho del trabajo que se ha llevado a cabo en la localidad para tratar de concienciar a la población y de tenerla preparada a la hora de encarar una catástrofe como esta “que esperemos que nunca ocurra”.
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