Juan Carretero Enrique. Comisario principal de Cádiz

"Sembré, pero no me dará tiempo de recoger"

  • Un policía legendario de los años de plomo del País Vasco acaba en Cádiz su apasionante carrera Repaso a sus meses al frente de la comisaría

La vida de Juan Carretero Enrique (San Martín de Trevejo, Cáceres, 1948), comisario principal en Cádiz durante el último año y que ahora pasa a la reserva, es apasionante. A través de ella se podría reconstruir buena parte de la historia de España en los últimos 42 años, los que él lleva en el Cuerpo Nacional de Policía. Ha sido uno de los máximos conocedores de ETA durante sus años más sangrientos, estuvo destinado en San Sebastián y Vitoria y estaba en Bilbao cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco, en Sevilla cuando estalló el caso Arny, en Asturias cuando se investigó el robo de los explosivos del 11-M...

En la despedida de su carrera policial, realizada el pasado 21 de junio, estuvieron presentes algunos de los policías más destacados en la lucha contra el terrorismo de nuestro país, miembros de la mítica brigada central de infromación, verdaderas figuras legendarias del Cuerpo, como el propio Carretero. El veterano policía le resta importancia a esa hoja de servicios mientras charlamos en su despacho de la comisaría provincial, un despacho sobrio, algo impersonal como corresponde a un hombre acostumbrado a cambiar de destinos: "He tenido la suerte de trabajar en lo que me gustaba, he contado con jefes extraordinarios y unos grandes compañeros. He disfrutado y me han pagado por ello, pero no me hubiera importado pagar por lo que he hecho. Si diera marcha atrás, volvería a realizar el mismo recorrido..."

Damos marcha atrás.

-¿Lo de policía viene de familia?

-Mi padre era guardia civil, pero lo mío era pura vocación. En el colegio ya me llamaban el policía.

-¿Ah, sí? ¿Cuál fue el primer caso que resolvió?

-Un compañero al que le habían quitado los sellos.

-¿Cómo era la policía cuando usted empezó, allá por 1971?

-Mi primer destino fue San Sebastián. Llegamos un grupo de unos veinte subinspectores muy jóvenes con una ilusión impresionante. Patrullábamos en lo que se llamaban las lecheras, ¿las recuerda? Enseguida pasé a la brigada de información.

-Una época dura.

-Recuerdo cuando me golpeó el terrorismo de cerca. Mataron al inspector Linares, un compañero de promoción, veinte días antes de que se fuera destinado a su tierra, Galicia. No se puede expresar lo que sentí, la rabia contenida... A los de mi generación la muerte de Linares nos marcó.

-Mucho miedo...

-Nunca he sentido miedo y, si lo he sentido, he conseguido dominarlo. Sabíamos en lo que trabajábamos. Cuando estrenaron El último tango en París, que no se podía ver en España, pasamos la frontera para verla en un cine de Bayona. Allí nos debió de identificar alguien porque nos estaban esperando a la vuelta. Tiraron un poste de la luz para detenernos, pero conseguimos esquivarlo. Estábamos en el extranjero, íbamos desarmados, teníamos que ganar la frontera como fuera. Lo logramos. Ese incidente no impidió que siguiéramos pasando a Francia para comprar, para divertirnos o para conocer físicamente a algunos etarras que se movían por allí con impunidad y saber quiénes eran si cruzaban para cometer alguna fechoría. En fin, el miedo es un poco como los accidentes de coches. Sabes que pasa, pero no piensas que te vaya a pasar a ti.

-Pues a usted la muerte le pasó cerca.

-Fui herido en el 75. En unas detenciones que realizábamos se liaron a tiros y me salvó la vida un chaleco antibalas. Estuve seis meses de baja. Eso acabó con mi primera etapa en el País Vasco.

-Y se fue a Sevilla a buscar quinquis.

-Los quinquis... Mataron a un compañero de La Línea en un registro antidroga.

-Volvió al País Vasco en los años de plomo, los 80.

-Estuve en la brigada central antiterrorista que dirigía el comisario Ballesteros. Fue una época intensísima. Era rara la semana en que no teníamos que lamentar una muerte de un civil, un militar, un guardia civil o un policía. Nuestro ritmo de trabajo consistía en subir a San Sebastián, investigar, hacer seguimientos, practicar detenciones y bajar a Madrid. Llegábamos a las seis de la mañana y a las once de la mañana estábamos tramitando las diligencias. A veces no dormíamos más de dos horas, pero éramos jóvenes y nos apasionaba nuestro trabajo. Pese a todo ese horror, pese a tener que recoger muertos de las calles, es la etapa que recuerdo con más cariño porque había días que sentías la satisfacción al llegar a casa de que habías salvado vidas. No le digo más que una forma de castigar a los policías por haber llegado tarde o por algún tipo de falta menor era, cuando se iba a realizar alguna acción, dejar al agente sentado en la comisaría. Tú te quedas ahí, tú no vienes. Era el mejor castigo y lo que más dolía.

-Su currículum es extensísimo, pero vamos a centrarnos en Cádiz. ¿Cómo es que finalizó su carrera profesional aquí?

-Fue curioso porque hace unos tres año fui con mi mujer a comer a Sanlúcar y nos dijimos vamos a darnos un paseo por Cádiz. Mi mujer me dijo éste es un buen sitio, aquí tendrías que haber venido. Y poco después me lo ofrecieron. No lo pensé un momento.

-Pues escogió un buen año, el del Bicentenario, con la preparación de seguridad de una Cumbre Iberoamericana.

-Sí, pero a mí el trabajo no me asusta. Cádiz es, desde el punto de vista de policial, una de las provincias más interesantes de España por la variedad delictiva que se da. Y en la Cumbre hubo que trabajar muchísimo. Aunque la coordinación venía de la comisaría general, si algo salía mal la responsabilidad era nuestra.

-Resuma su experiencia aquí.

-Diría que me ha tocado hacer de labrador: abrir la tierra, sembrar... No tendré tiempo para recoger los frutos.

-¿En qué sentido?

-Me encontré con una plantilla conflictiva y relajada. Había que reestructurar y creo que se ha conseguido meses después una perfecta coordinación entre la comisaría provincial y las comisarías locales.

-Dijo que quería más cercanía de la policía. ¿Lo consiguió?

-Creo que sí. Hemos hecho innovaciones, como las patrullas con motos por el casco antiguo y la playa. Eso ha tenido aceptación entre los comerciantes, hosteleros y el resto de ciudadanos. El casco antiguo es difícilmente transitable en coche y pensé que las motos eran una buena forma de dar presencia policial y acercamiento.

-También ha potenciado la unidad de participación ciudadana.

-Hace años existió la policía de proximidad, pero aquello desapareció. Quise aplicar esa cercanía con encuentros permanentes de los agentes de la unidad con colegios, asociaciones de vecinos, colectivos profesionales. Esto tiene una doble función, por un lado das a conocer el trabajo de la policía, ofreces información y, al tiempo, recabas información de las demandas de la población que te pueden ser útiles a la hora de dar una respuesta adecuada y conocer el día a día de las calles.

-El gran suceso de su etapa ha sido el robo de droga de subdelegación. ¿Ya se sabe qué pasó?

-Sabemos lo que ocurrrió, sabemos que no existían las condiciones idóneas de seguridad y que el búnker se encontraba dentro de un parque móvil al que podía acceder muchísima gente Por parte nuestra hubo fallos y se han depurado las responsabilidades, ha habido sanciones. Tras este incidente desagradable los depósitos de drogas cuentan con todas las garantías no sólo aquí, sino en otras partes de España, y se ha conseguido que se destruya la droga lo antes posible.

-Bien: ¿y dónde está la droga y dónde los ladrones?

-Es una investigación compleja con muchas vías abiertas que hemos ido descartando hasta habernos quedado con una que creo que es la buena. Creo que se resolverá a no tardar mucho. Me hubiera gustado que se hubiera resuelto antes de marcharme, pero cada investigación tiene sus tiempos. Las cosas hay que hacerlas bien hechas y no precipitarse.

-¿Ha visto mucha corrupción policial a lo largo de su carrera?

-No he visto corrupción si entendemos corrupción como un hecho tolerado. Eso jamás. Yo se lo digo a todas las promociones: puedo echar un cable si alguien mete la pata, pero soy inflexible con la falta de ética policial. Hay corruptos, como en cualquier profesión, pero se ataja pronto, posiblemente con más eficacia que en otras profesiones. La falta de ética está muy mal vista entre la mayoría de los policías. Está mal visto hasta que alguien se deje invitar a una copa.

-En la provincia siguen existiendo guetos de droga. Estoy pensando en la barriada José Antonio de El Puerto. ¿Cómo es que no se puede acabar con eso?

-Es verdad que existen puntos calientes de droga y le aseguro que estamos encima de ellos. Pero para desmantelarlos hay que reunir las pruebas que puedan ser útiles para lograr condenas. Lo hicimos en la redada de Sanlúcar. Eso requiere tiempo y trabajo. La Bahía tiene unas características especiales, con muchas grandes poblaciones. Cuando llegué, los grupos de estupefacientes de cada plantilla trabajaban su propia demarcación. Era difícil afrontar investigaciones largas y complejas que requieren muchos medios. Esa es la razón de la creación de la Udyco Bahía de Cádiz, que cuenta con tres grupos dedicados al gran tráfico de drogas situados en Cádiz, El Puerto y Jerez. Además, hay un grupo especializado en delincuencia económica, financiera y tecnológica, con sede en Cádiz. Y hay un tercero dedicado al pequeño tráfico con tres subgrupos en San Fernando, El Puerto y Jerez. Toda la Udyco actúa interconectada, con lo cual, cuando es necesario, un grupo actúa unido a otro. Consistía en cambiar el concepto para utilizar la de la mejor manera posible los medios que teníamos a nuestro alcance.

-Cádiz es un gran manifestódromo. ¿Qué órdenes ha dado ante la protesta callejera?

-Es raro el día que en Cádiz no hay una o dos manifestaciones. O más. Para mí no era nuevo. He estado en lugares con una alta conflictividad laboral, como Asturias. La idea es sencilla: existe un derecho constitucional de reunión y manifestación que terminacuando se invaden otros derechos de los ciudadanos.

-¿Y cuando esto sucede usted es partidario de la contundencia?

-La orden es que tras una manifestación la vía esté expedita lo antes posible para que pueda ser utilizada por los ciudadanos.

-Ha habido días que dejar expedito el puente no ha sido tan sencillo. Ha habido enfrentamientos.

-Nosotros no hemos causado lesiones a nadie, pero sí hemos tenido bastantes lesionados, algunos graves, entre los policías, con cuantiosos daños en los vehículos y el material antidisturbios, por no hablar del puente y la autovía. Ahí ya no hablamos de derecho de manifestación, sino de delitos.

-Los policías son funcionarios. También les han bajado el sueldo. Estarán cabreados.

-Los policías son ciudadanos como cualquier otro y les duele que les toquen el bolsillo, como a cualquiera, pero aquí hay gente muy profesional. Me siento orgulloso de que exista un buen ambiente de trabajo y la gente cumpliendo con su deber.

-¿Qué tal se ha llevado con los sindicatos policiales?

-Ningún problema digno de significación. Mis puertas, ellos lo saben, siempre han estado abiertas. He atendido sus demandas sobre la marcha y he resuelto lo que estaba en mis manos.

-¿Tenemos déficits de policías y medios en la provincia?

-El dimensionamiento de Cádiz no es el adecuado. El catálogo de puestos de trabajo está casi al cien por cien, pero sería necesario que el catálogo contemplara la necesidad de 120 policías más. 450 policías sería la plantilla idónea. Espero que se pueda resolvar cuando a situación económica mejore.

-Hay comisarías en la provincia que están que se caen: Jerez, El Puerto, Cádiz...

-Fue una de las sensaciones que tuve al llegar aquí, que había un abandono y una dejación en las instalaciones. Esto se tendría que haber solucionado en época de bonanza. Si no sufriéramos esta crisis, tendríamos que habernos planteado construir comisarías nuevas en los sitios que usted dice y, además, en La Línea. Cádiz y Jerez parecen ser las que van más avanzadas. En Cádiz se está trabajando en adquirir un solar en un lugar de cómodo acceso para los ciudadanos.

-Bueno, ¿y qué va a hacer ahora después de una vida tan agitada?

-Dedicarme a mi familia, mis hijos, mis nietos, que les he tenido casi abandonados porque la mayoría de las veces he antepuesto mi profesión a todo lo demás. Ellos lo han comprendido y me han seguido de un sitio a otro. Gracias a ellos he sido lo que soy.

-Un hombre que ha vivido en tantos sitios, ¿dónde va a vivir su retiro?

-En principio en Sevilla, pero no descarto venirme más adelante a Cádiz. He estado poco tiempo, pero me he sentido como en mi casa.

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