Desencuentro entre el obispado y el Ayuntamiento en Vejer

Hagan sitio en el cementerio

  • En el camposanto de Vejer ya no caben más muertos. Obispado y Ayuntamiento son incapaces de llegar a un acuerdo sobre el futuro de este espacio, incrustado en pleno casco urbano

Uno de los pasillos atestados del cementerio parroquial de Vejer Uno de los pasillos atestados del cementerio parroquial de Vejer

Uno de los pasillos atestados del cementerio parroquial de Vejer / Fito Carreto

"Bienaventurados los que mueren en el Señor”, se lee en un placa datada en el siglo XVI y que es la antigua entrada al cementerio de Vejer, uno de los pocos que quedan en la provincia dentro de un casco urbano. Detrás de esa puerta hay 4.000 enterramientos, nichos que van desde los que rebosan de flores a los nombres olvidados. Ya no caben más. Hace tres años hubo un intento de ampliación de nichos, pero el Ayuntamiento detuvo la obra.

El cementerio de Vejer tiene los días contados. Apenas si hay para un centenar más de nichos, los que se han ido improvisando en el poco espacio que queda, incluso talando árboles para buscar espacio o vaciando los muertos que nadie reclama para trasladarlos a un osario y dejar sitio.

El camposanto de serpenteantes pasillos tiene una belleza fúnebre sobrecogedora. Deudos limpian lápidas y los dos trabajadores del cementerio se afanan en que todo esté escrupulosamente limpio. Sin embargo, carece de los servicios que ofrecen los modernos cementerios. Aquí no se vela a los muertos, no hay tanatorio. “En Vejer vamos al tanatorio de Conil. Llevamos al difunto en coche allí y luego volvemos. Aunque antes era peor porque teníamos que irnos hasta Chiclana y lo que hace mucha gente es que los incineran allí y entonces aquí ya no se entierra tanta gente”, me explican en la cola de espera para pagar el recibo de mantenimiento.

Este lugar es la causa de un desencuentro entre el obispado, propietario del cementerio, y el Ayuntamiento, que ha construido otro cementerio en las afueras del pueblo y que quiere negociar el futuro uso de este espacio. Entre medias, una incógnita sobre lo que el antiguo párroco, Antonio Casado, hizo con los fondos del cementerio. Su sustituto, Antonio Jesús López, es el nuevo párroco y se ha negado, pese a las presiones del obispado, a denunciar a Casado. En cualquier caso, no es el responsable del cementerio. El Ayuntamiento agradece su mediación, aunque la mediación no tenga mucho éxito.

José Ortiz, alcalde de Vejer hasta la pasada semana, reconoce su frustración por no haber conseguido convencer al obispado de que el Ayuntamiento se encargue de la gestión de ambos cementerios. El obispado, que no da su versión de esa negociación con su habitual opacidad, no quiere desprenderse del cementerio después de que se hiciera cargo de él hace unos dos años, quitándoselo a la parroquia de San Miguel después de que se descubriera que las cuentas no estaban claras.

Ahora el obispado lo gestiona de forma muy directa. Ha enviado a una empleada para que se encargue de que todos los usuarios, es decir, todo Vejer, esté al día del pago. El cementerio está lleno de carteles advirtiendo de que hay que pasarse por la oficina a pagar “urgentemente”. Parece que lo están consiguiendo porque en el vestíbulo de la parroquia encuentro a cuatro mujeres esperando. “Se han puesto muy serios con lo del dinero, antes con don Antonio no presionaban tanto”. El dinero no es mucho, diez euros al año, pero nos cuentan que algunos han tenido que abonar hasta cien euros, es decir, no habían pagado prácticamente nunca.Si no se paga, pasará lo que ya ha pasado con muchos nichos. Se vacían y los huesos van a un osario, todos mezclados. Uno de los empleados ya me advierte que no va a hablar, incluso niega que con el cementerio pase algo. “¿Está seguro que no pasa nada?” “Completamente seguro”. “Pues no parece que haya mucho sitio para más difuntos”. “Queda algo, pero no por mucho tiempo”. Es normal la precaución de este trabajador, que el Ayuntamiento quiere que pase a ser operario municipal, pero aún le paga el obispado.

Pese a que la situación es tensa, al punto que el Ayuntamiento no descarta ir por las bravas y decidir unilateralmente, ateniéndose a la regulación sanitaria de la Junta, clausurar el cementerio parroquial, la polémica no ha saltado a la calle. Converso con dos mujeres que están limpiando uno de los nichos y dicen no saber nada de ese problema. Saben que se está construyendo un nuevo cementerio, pero no saben que el Ayuntamiento planea trasladar esa tumba que ellas limpian a otro lugar. Me lo confirma Juan María Morillo, el hermano mayor del Cristo de la Oliva, la hermandad que tiene su sede en esta parroquia: “No ha saltado a la calle, yo no he escuchado a nadie en Vejer hablar de esto o que le preocupe y eso que es algo muy delicado”.

La muerte es muy delicada.Y el dinero a veces lo es más. El antiguo párroco, Antonio Casado, fue investigado por la Guardia Civil a raíz de que el propio párroco denunciara una extorsión a cuento de un joven extranjero al que tenía acogido desde hace años. Cuando la Guardia Civil fue a investigar el caso lo que se encontró fue un pufo de 300.000 euros, que en buena medida venía de la gestión del cementerio. Lo puso en conocimiento del obispado, pero en realidad el obispado ya estaba detrás de eso. Hubo un juicio eclesiástico en Sevilla del que la Iglesia se encargó de no informar. Lo cierto es que el párroco, Antonio Casado, fue apartado de la parroquia, sin que se le diera ninguna explicación a los feligreses, que se levantaron contra el obispo e incluso le enviaron una carta informándole que Casado se veía obligado a pedir limosna para sobrevivir. El pueblo de Vejer tomó partido por Casado, que era muy conocido por ayudar a los más necesitados, como en su día fue el caso del actor Paco Algora, que se retiró a vivir, casi en la indigencia, hasta su muerte a Vejer. Ese apoyo no evitaba que hubiera 300.000 euros que no aparecían por ningún lado.

Rafael Vez, párroco de Conil, denunció en la publicación Religión Digital esta situación de su compañero y ahora asegura que las cosas han cambiado poco. “Antonio sigue a la espera de la resolución del tribunal eclesiástico de Sevilla y mientras sigue cautelarmente retirado, aunque se le ha mantenido el sueldo base para que pueda sobrevivir. Él vive en un campo de Conil con ese sueldo y las ayudas de los compañeros”.

Mientras, las obras del nuevo cementerio están finalizadas en la primera fase. El nuevo cementerio tiene un aspecto muy distinto al parroquial, más frío. Se llega a él tras recorrer unos 300 metros de una pista de tierra, a las afueras del pueblo, pasado el campo de fútbol. Allí, en una loma, se levanta lo que será el nuevo lugar en el que se acudirá a recordar a los que ya no están. Ortiz asegura que estará listo pafra funcionar el próximo mes de abril una vez que la Junta ya ha otorgado todos los permisos. La vista es impresionante, pero parece que hay mucho que hacer. El tanatorio es un esbozo y el cementerio en sí, con la cuadrícula de los nichos que se puede observar desde fuera, no tiene ni los muros enfoscados. El Ayuntamiento quiere que todos los muertos de Vejer vengan aquí y que el cementerio parroquial se convierta en un parque público. El obispado no está por la labor.

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