Política municipal

Alcaldes con doble vida

  • Los cinco regidores gaditanos que rechazan dedicarse en exclusiva a la política cuentan cómo afrontan la difícil tarea de compaginar la Alcaldía con sus profesiones.

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Se rebelan cuando escuchan eso de que son alcaldes a media jornada. No hay nada que les dé más coraje. Y se rebelan ante esa afirmación porque defienden con rotundidad que son alcaldes de sus pueblos las 24 horas del día, aunque a veces tengan que estar en otros menesteres. Antonio, Alfonso, Miguel Ángel, José Ramón y el otro Antonio tienen muchas cosas en común. Una de ellas es que son alcaldes de cinco localidades de la provincia de Cádiz, otra es que los cinco ganaron las elecciones municipales celebradas en sus pueblos el año pasado y la otra es que ninguno de ellos vive en exclusiva de la política. Salvo uno de ellos, los demás sí perciben ingresos de sus ayuntamientos, cierto es, aunque no están liberados al cien por cien, es decir, carecen de dedicación exclusiva.

Y no viven de la política por una razón muy sencilla: porque no quieren. En unos tiempos en los que la clase política en general está tan denostada, estos cinco regidores tienen muy claro que la actividad política es algo pasajero, una simple afición que en cualquier momento puede irse igual de rápido que llegó. Y por eso entienden que su futuro tendrá que seguir vinculado a una actividad profesional a la que han dedicado muchos esfuerzos previos y que se niegan ahora a dejar de lado.

Dos de ellos están vinculados al ámbito sanitario y los otros tres a actividades propias del campo. Dos de ellos son del PP y los otros tres son del PSOE. Uno es alcalde de una localidad mediana o grande (según la época del año) y los otros cuatro lo son de poblaciones bastante más pequeñas. Pero los cinco comparten las mismas preocupaciones por el bienestar de sus vecinos y el desarrollo de sus respectivas localidades. En estas líneas los cinco narran cómo afrontan a diario la difícil tarea de compaginar su trabajo en el Ayuntamiento con sus respectivas profesiones. Y los cinco coinciden en muchas cosas. Piensan, por ejemplo, que la clave está en contar con una buena agenda que planifique cada día y también en contar con un equipo de concejales resolutivos que garanticen la labor del gobierno local. Y, algo no menos importante, destacan que es esencial tener una familia comprensiva con sus dobles cometidos porque al final son ellos, los familiares, los que más sufren sus ausencias.

"Hoy toca consulta y se me ha echado el tiempo encima aquí en la Alcaldía. Por eso otra vez me tocará comerme un sandwich en el coche mientras voy al centro de salud. Pero mejor así, que no falte el trabajo". Es martes y, como cada martes, al alcalde de Chipiona, Antonio Peña (PP), le toca enfundarse su bata blanca y coger su fonendoscopio. El fotógrafo de este periódico puede dar fe de que el pasado martes Peña estaba puntual a las tres de la tarde en su consulta del centro de salud Doctor Tolosa Latour de la localidad chipionera. De profesión médico de familia, el alcalde de Chipiona tiene claro que no puede faltar a su consulta ni los lunes por la tarde, ni los martes por la tarde, ni la franja horaria de los miércoles comprendida entre las 11.00 y las 15.00 horas. Ahí no puede tener actividad política alguna. El resto de la semana, sí.

Pero, ¿por qué esta doble vida? ¿Por qué, como hacen otros muchos políticos, no pide una excedencia para ejercer de lleno un cargo público? Antonio Peña tiene claro que si sigue en la misma consulta después de más de 30 años no es por dinero sino por cariño a su profesión y porque, de alguna manera, quiere mantener cierta distancia con la política. Y a fe que lo ha conseguido. "Cuando empecé como concejal en Rota -de eso hace ya casi tres décadas- siempre dije que mi escala de valores iba a ser intocable, y así lo he mantenido. Primero está mi familia, después mi profesión y en tercer lugar la política. De ahí no me saca ni nada, ni nadie".

Peña recuerda que acabar la carrera de Medicina supuso un gran esfuerzo tanto para él como para sus padres, que se sacrificaron para poder costearle los estudios "porque éramos una familia humilde". Aparcar su profesión, piensa, sería algo así como una traición. "Me costó mucho ser médico y, además, si lo dejara durante unos cuantos años, después me costaría mucho retomarlo porque la práctica diaria se olvida y porque la Medicina evoluciona mucho y hay que seguir estudiando constantemente", advierte.

Algunas veces puede escaparse a algún seminario médico, o realizar cursos online para perfeccionar su aprendizaje. Y aunque reconoce que su actividad política ha frenado algo su trayectoria profesional, no se arrepiente de ello "porque uno está en política por gusto, para ayudar a los demás". Y no, no tiene actualmente a ningún concejal de la oposición entre sus pacientes "aunque sí tengo a familiares de ellos. Algunos llegan a la consulta y me dicen que son de izquierdas y que no piensan hablar de política, algo que yo agradezco porque es fundamental saber separar ambas facetas".

Algunos pacientes, eso sí, le piden que les tramite alguna cita en un servicio municipal determinado, algo con lo que también se encuentra a menudo el alcalde de Paterna de Rivera, Alfonso Caravaca (PSOE). Enfermero de profesión, tiene su plaza fija en la tercera planta del Hospital de Puerto Real, en Medicina Interna. Pese a gozar de mayoría absoluta en su Ayuntamiento, Caravaca tampoco se ha planteado dejar su profesión "porque tengo clarísimo que la política es algo temporal y porque dejar mi trabajo supondría perder el contacto con la realidad".

Con una reducción de jornada del 30%, el alcalde de Paterna está obligado igualmente a hacer turnos rotatorios en el Hospital. Lo mismo le puede tocar trabajar por la mañana, que por la tarde o incluso por las noches. Su horario laboral es el que supedita luego su agenda como alcalde.

No se arrepiente tampoco de esta doble vida aunque reconoce que su dedicación a la política le ha impedido llegar a ser supervisor o poder acceder a una plaza con un horario fijo. Hoy, Caravaca apenas percibe 870 euros líquidos al mes de su Ayuntamiento, por asistencia a los órganos colegiados. El grueso de su salario viene de su profesión "y eso permite que al año le cargue al Ayuntamiento unos 12.000 euros en vez de los 60.000 que me corresponderían si tuviera dedicación exlusiva como alcalde, algo que creo que es importante para las arcas municipales, y más en los tiempos que corren", reflexiona.

Uno se imagina al alcalde de Paterna, socialista confeso y convencido, protestando en las puertas del Hospital de Puerto Real por los recortes sanitarios de la Junta, pero Alfonso Caravaca reconoce que eso jamás se ha producido. "Hombre, tanto como protestar, pues no. Es verdad que hay decisiones que a uno no le gustan o no le terminan de convencer, pero tengo que ser coherente. Prefiero intentar que no se sesgue la información sobre la política sanitaria que desarrolla la Junta", reflexiona.

A día de hoy el único alcalde de la provincia que no cobra un euro por su actividad política es el de Puerto Serrano. El socialista Miguel Ángel Carrero, regidor desde junio pasado, ha optado por mantener su actividad profesional como técnico en una empresa privada del sector medioambiental. En cierto modo, no le ha quedado otra. Sin mayoría absoluta, la oposición le fijó un sueldo como alcalde de 850 euros limpios al mes "y con eso no podía mantener a mi familia". Así que siguió a lo suyo, a anillar búhos reales y buitres leonados tanto dentro como fuera de la provincia. Por algo es un experto en aves rapaces.

Aunque el Ayuntamiento tiene su sueldo consignado en los presupuestos, y aunque otros compañeros del gobierno municipal sí están cobrando ya, él de momento ha preferido no percibir ingreso alguno ni como alcalde, ni como vicepresidente segundo de la Mancomunidad de la Sierra, su otro cargo público. "Es por solidaridad con los trabajadores municipales que se han llevado meses cobrando mal o con retraso, algo que estamos intentando arreglar y que creo que lo estamos consiguiendo", dice.

Lo de Miguel Ángel Carrero sí que es una doble vida. Con todos sus avíos. Centra su labor profesional en los fines de semana, puentes festivos y vacaciones y allá que se va a otras provincias andaluzas a escalar montañas buscando aves rapaces para anillarlas y para hacerles un seguimiento. "A veces me paso la noche trabajando y por la mañana estoy en el Ayuntamiento. Pero lo llevo bien. He optado por quedarme sin días festivos y sin vacaciones pero no me arrepiento. Aquí la gran sufridora es mi familia", subraya.

Como el resto de los alcaldes que no están liberados al cien por cien, su agenda como máxima autoridad municipal de Puerto Serrano está a expensas de sus escapadas laborales. Un cuadrante cierra el otro.

Lo que sí tiene claro el alcalde polichero es que su actividad política en ningún caso puede afectar a su quehacer profesional. "No puedo mezclar ambas cosas porque sería un error. Yo los problemas del pueblo me los llevo a mi casa, que es donde le doy vueltas a las cosas buscando soluciones. Pero nunca me los llevo a mi trabajo. El móvil siempre lo tengo abierto, pero entre mis obligaciones está la de separar ambas facetas", reflexiona.

La provincia de Cádiz tiene también dos alcaldes ganaderos y ambos en la Sierra. Uno, el de Prado del Rey, es del PP; el otro, el de Benaocaz, es del PSOE. Y ambos tienen claro que el campo es lo que les da la vida.

"Sí, sí, puedo hablar sin problemas. Iba a entrar a comprar pienso para los cochinos pero le atiendo". José Ramón Becerra es alcalde de Prado del Rey desde 2011. En el mandato anterior gozó de mayoría absoluta y ahora lo hace gracias a un pacto con el PA. Pero en ningún momento ha dejado su actividad como ganadero y como agricultor "y pagando todos mis seguros como autónomo, ¿eh? Deje usted constancia de eso, por favor, que después hay gente muy mal pensada", aclara.

El regidor pradense suele dedicar las mañanas al Ayuntamiento y las tardes al campo, pero con flexibilidad. "Si un día no puedo echarle de comer a las vacas por la mañana, pues lo hago por la tarde y no pasa nada. Es cuestión de estar pendiente de todo".

Becerra tiene una finca de unas 60 hectáreas más otras que tiene arrendadas. Su medio centenar de vacas retintas son su debilidad, aunque las labores de cultivo también le quitan su tiempo. En determinadas épocas del año tiene que contratar a jornaleros o a maquinaria especializada para la faena; otras veces se apaña él solo, si acaso con la ayuda de la familia. La familia. Esa es una de las claves por las que el alcalde de Prado del Rey mantiene su labor campera. La finca proviene de su bisabuelo. Él simboliza la cuarta generación, y ahí sigue.

En el Ayuntamiento tampoco tiene dedicación exclusiva. Su horario como alcalde es de seis horas diarias, por lo que percibe 1.880 euros limpios cada mes. Y aclara que sigue adelante en ambos cometidos "porque el campo me da la vida y porque la política local es otra de mis pasiones".

Alguna diferencia, aunque no tantas, hay entre el alcalde de Prado del Rey y el de Benaocaz. Este último, el socialista Antonio Venegas, también es ganadero de profesión. "A las dos de la tarde salgo del Ayuntamiento y me voy al campo. El negocio me lo traspasó mi padre hace relativamente poco tiempo y no pienso dejarlo. Cuando me presenté a alcalde el año pasado tenía muy claro que no iba a dejar mi trabajo en el campo, y ahí sigo", comenta este joven de apenas 31 años de edad.

Su caso es especial. Benaocaz es uno de los tres pueblos de la provincia con menos de mil habitantes y la nueva Ley de Reforma de la Administración aprobada por el Gobierno el año pasado limita los sueldos de estos alcaldes, fijando el máximo en el 75% de dedicación exclusiva. Y mientras los regidores socialistas de Torre Alháquime y Villaluenga fueron contratados como asesores en la Diputación, el de Benaocaz se quedó con un sueldo neto de unos 1.300 euros al mes. Por eso, y por su pasión por el campo, por las tardes se dedica al cuidado del centenar de cabras payoyas y de la treintena de vacas que tiene.

De los 44 alcaldes de la provincia, 39 cuentan con dedicación absoluta y perciben sus nóminas de sus respectivos ayuntamientos, de la Diputación o de alguna Mancomunidad. Pero hay cinco valientes que se resisten a la tentación. Les gusta la política, sí, pero también sus profesiones. Y ahí siguen Antonio, Alfonso, Miguel Ángel, José Ramón y el otro Antonio. Rebelándose cada vez que alguien les dice que son alcaldes a media jornada, pero con su doble vida. Y a mucho orgullo,

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