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Aparcamientos | Ocho años de obras y sin parking subterráneo

Pozos Dulces, la historia de un fracaso

  • Las obras de urbanización de la cubierta sin que se haya construido el parking subterráneo a la entrada de El Puerto constatan el desastre de un proyecto que nunca se debió haber acometido

Las máquinas llevan ya casi dos semanas trabajando en la cubierta de Pozos Dulces.

Las máquinas llevan ya casi dos semanas trabajando en la cubierta de Pozos Dulces. / D.C.

Para este viaje no hacían falta alforjas. Después de ocho años con la explanada de Pozos Dulces inutilizada y en obras el Ayuntamiento acomete los trabajos necesarios para devolver la zona al estado que tenía antes de que se iniciase el proyecto, un proyecto que a la vista de lo que sabemos hoy, nunca debió de haberse puesto en marcha.

Concluye así, con unas obras previstas de seis meses de duración, la tortuosa historia de los aparcamientos subterráneos proyectados en El Puerto durante el mandato municipal del Partido Popular y Partido Andalucista, siendo alcalde Enrique Moresco. Estas obras, que ya nacieron con mal pie debido al modelo económico escogido para la construcción de estos equipamientos, han sido sin duda el mayor fracaso reciente de la historia municipal portuense, llegando a ser las causantes incluso de la ruptura del pacto de gobierno tripartito en el año 2016.

La licencia concedida a las obras fue la razón de la ruptura del tripartito en 2015

La decisión de construir dos aparcamientos subterráneos se remonta al año 2009, cuando comenzaron los primeros estudios económicos para la construcción de dos parking, uno bajo la explanada de la Plaza de Toros y otro en Pozos Dulces, una de las principales entradas al centro de la ciudad. La previsión de las obras en este aparcamiento motivó incluso la construcción de la pasarela peatonal Pepe el del Vapor y el aparcamiento en superficie de la margen izquierda, como alternativa a la falta de espacios para estacionar mientras durasen las obras.

Una de las entradas al parking, rellenas ya de arena. Una de las entradas al parking, rellenas ya de arena.

Una de las entradas al parking, rellenas ya de arena. / D.C.

El modelo escogido para acometer este proyecto, que en el fondo tenía como objetivo dotar de contenido de trabajo a la empresa municipal Impulsa El Puerto -una vez que el desarrollo de suelo industrial daba ya para poco- estuvo siempre en el origen del rechazo que despertó esta iniciativa, un rechazo que se recrudeció en el año 2014, cuando el barrio burgalés de Gamonal se levantó contra la decisión del Ayuntamiento de construir un parking subterráneo en la zona.

Y es que lo que en un principio se vendió como una subvención europea, como dinero caído del cielo para construir los dos aparcamientos, nunca fue tal sino que se trataba de un préstamo puro y duro que a la postre había que devolver. Entre otras cosas, se temía que de llegar a ejecutarse la operación tal y como estaba diseñada, la ciudad terminara finalmente perdiendo todo el control sobre los nuevos aparcamientos, que hubieran pasado a manos privadas si el Ayuntamiento no hubiera tenido al final del periodo de devolución del préstamo capacidad económica para ejercer su opción a compra.

Nadie se hubiera opuesto, a buen seguro, a la construcción de aparcamientos públicos mediante el tradicional sistema de concesión, como se construyó en su día el parking de la Plaza Peral, pero en este caso el oscurantismo de toda la operación y las grietas que presentaba formaron el caldo de cultivo perfecto para que colectivos y partidos políticos pusieran en cuarentena las bondades del proyecto, un debate que protagonizó de lleno la campaña electoral para las municipales de 2015.

Tras las numerosas vicisitudes sufridas, incluyendo el rechazo de la Junta de Andalucía al proyecto del parking de la Plaza de Toros, y con la llegada al sillón del Ayuntamiento del tripartito formado por PSOE, Izquierda Unida y Levantemos El Puerto, el proyecto cambió de forma.

Las obras quizás se hubiesen podido agilizar siendo alcalde el popular Alfonso Candón, antes de las elecciones, pero en ese momento la presión ciudadana era tan fuerte que no se dio el paso.

Ya un año después de las elecciones, y tras alcanzarse un acuerdo con los promotores, en 2016, se acordó descartar el parking de la Plaza de Toros y construir únicamente el de Pozos Dulces, pero mejorando la urbanización de la cubierta, algo que no incluía el proyecto inicial.

Una vista general de la explanada de Pozos Dulces. Una vista general de la explanada de Pozos Dulces.

Una vista general de la explanada de Pozos Dulces. / D.C.

A partir de ese momento comienzan a verse movimientos en la zona y se remodela el tráfico en la zona, con el derribo de la antigua rotonda de Pozos Dulces. También entonces, sin embargo, comienza a dar la cara uno de los asuntos que posteriormente llevarían al bloqueo de las obras, y fue el desacuerdo económico entre promotora y constructora a la hora de decidir quién debía correr con los gastos ya ejecutados del desvío de los suministros en el subsuelo de la Plaza de Toros, acometidos en 2014 y pagados por Gyocivil, que ahora reclamaba su dinero una vez que dichas obras finalmente no sirvieron para nada.

Ese tira y afloja se ha mantenido durante todos estos años, en los que además se han producido otros imprevistos como las dificultades económicas de Impulsa El Puerto, que llegó a estar al borde de la quiebra y a la que se le hizo imposible conseguir la financiación necesaria para poder terminar las obras del aparcamiento, una financiación que quedaba pendiente de cerrar para poder acometer el proyecto tal y como estaba diseñado.

Hubo entonces algunos inversores interesados en poner el dinero que faltaba para terminar el parking, unos cinco millones de euros, aunque este interés no llegó a materializarse en ningún acuerdo, de tal manera que el grueso de los trabajos se quedó parado en 2018, una vez instalados todos los pilotes y el suelo entre las dos plantas de lo que debía ser el parking, aunque con todo el espacio aún sin excavar.

El Ayuntamiento ha decidido renunciar de momento al parking, urbanizando la cubierta

Tras acometerse ya en este mandato la salida de Impulsa El Puerto del accionariado de Impulsa Aparca, una solución propuesta por los técnicos, sin éxito, ya en el mandato anterior, en 2019 se trató de impulsar de nuevo las obras ya a la espera de un inversor privado, pero la pandemia vino a frustrar este nuevo intento por dar una salida digna a toda la operación. La nueva licencia concedida no supuso apenas ningún avance y ya el pasado mes de agosto, con su caducidad, el Ayuntamiento decidió cortar por lo sano y renunciar al parking, reurbanizando únicamente la cubierta y devolviendo la zona al estado que presentaba antes de las obras mediante la recuperación del aval.

Los trabajos, que ya han comenzado, devolverán la normalidad a una zona muy castigada en los últimos años pero no dejan de ser la constatación de un fracaso, el de un proyecto que nació torcido y nunca debió ponerse en marcha.

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