Natalia Millán, actriz, actriz…

Natalia Millán, durante la representación de 'Cinco horas con Mario'.
Natalia Millán, durante la representación de 'Cinco horas con Mario'.
Manolo Morillo

24 de febrero 2014 - 05:01

Ficha técnico-artística: Sabre producciones. Autor: Miguel Delibes. Adaptación teatral: Miguel Delibes, Josefina Molina y José Sámano. Reparto: Natalia Millán. Iluminación: Francisco Leal. Escenografía: Rafael Palmero. Ayudante de dirección: Manuel Calzada. Música: Luis Eduardo Aute. Mobiliario y atrezzo: Mateos/Sabre. Día: Sábado 22 de febrero. Duración: Una hora y 35 minutos. Lugar: Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca, en El Puerto. Aforo: Lleno.

Es difícil hoy en día encontrar actores o actrices en donde el ardid, la zangamanga o los fuegos artificiales queden agazapados en un segundo plano para dedicarse por entero a un personaje por y para el público que les está oyendo respirar encima del escenario en cada instante, en cada minuto de la representación teatral de ese momento concreto.

Y esto mismo es lo que ocurre con la sorprendente y magnífica actriz Natalia Millán. Esta mujer no deja indiferente a nadie en cualquiera de sus trabajos acometidos, desde los musicales Cabaret y Chicago que protagonizó con notable éxito al teatro textual de El Mercader de Venecia o las series televisivas que la han metido de lleno en las salitas de estar de infinidad de hogares españoles.

El enorme reto y privilegio -según ella- de asumir en solitario la responsabilidad de interpretar a Carmen Sotillo -viuda de buen ver de la España de mediados del siglo XX- que durante tantos años defendió sobre las tablas la insigne Lola Herrera, lo supera con creces dándole una dimensión actoral hiperrealista que encandila tanto a los que conocimos aquella época tan certeramente descrita por Delibes, como por las nuevas generaciones que no se imaginan ni por asomo las vivencias de un país gris tirando a oscuro casi negro que paradójicamente estamos volviendo a sufrir en nuestras propias carnes en estos comienzos del siglo XXI. Les guste a algunos o no, el teatro en sí mismo y la literatura adaptada al propio teatro no deja de ser por siempre jamás el fiel reflejo de una sociedad que no termina de aprender de los males pasados.

La cordobesa Josefina Molina que debutó en el mundo de la dirección escénica precisamente con esta obra junto al propio Delibes -era la primera vez que llegaba a la escena un texto suyo-, lleva el ritmo de la obra hacia los lugares más insospechados que la eventual audiencia podría imaginar. En esta segunda revisión de Cinco horas con Mario se nos hace mucho más visible el legajo vivo de la época que le tocó vivir a Carmen Sotillo y a su difunto Mario Díez Collado.

Una escenografía para provincias -sin decorado y con cámara negra- que no se le debería permitir a la productora y de la que el propio Rafael Palmero no debe estar nada orgulloso por respeto al espectador porteño, no es óbice para que Natalia Millán nos de todo un recital de cómo se puede dar la vuelta a un personaje ya incrustado a lo largo de los años en la memoria colectiva de los aficionados al teatro y a la literatura de Miguel Delibes. El toque mágico de la música de Aute pone la guinda al pastel de una magnífica noche de teatro al margen del "momento tos" cuando se apagan las luces y se abre el telón en el Muñoz Seca.

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