batallas municipales

Barbate busca claves más allá del cliché

  • La localidad, marcada por el paro y la deuda municipal, quiere desprenderse de su asociación con el tráfico de drogas 

Varios anuncios de propaganda electoral a la entrada de la localidad. Varios anuncios de propaganda electoral a la entrada de la localidad.

Varios anuncios de propaganda electoral a la entrada de la localidad. / Fito Carreto

El mar flota en el techo del mercado. Bajo tus olas nos amparamos. Para muchos, el atún es el maná caído del cielo. “En Tsukiji no hay mejor atún rojo que aquí”, aseguraba el gastrónomo RickStein en uno de sus programas de la BBC. Por el atún rojo de Barbate suspiran, también, los japoneses. En este caso, no es que unos se lleven la fama y otros carden la lana. “No sólo deja, sino que atrae a mucha gente de fuera”, comentan en la plaza. El atún tiene monumento, tiene una ruta. No tiene un culto pero todo es cuestión de proponerlo.

El atún es un salvavidas. Eso aseguran en el puesto de los Hermanos Rivera, que atiende Yolanda. Los maridos de las tres mujeres congregadas, todos, trabajan en el mar. Ahora, a más colmo, estamos en plena temporada de almadrabas. “Todo no queda aquí, como sabes, pero revierte mucha manufactura: operarios, fábricas de producción propia que trabajan en programas de agroindustria, también para la administración provincial”, comenta Javier, que trabaja para Diputación.“Desde luego, sí te digo que hay mucho más atún que chocolate”, apunta María de Bernabé, otro de los puestos de la plaza. Hay una pastelería afamada en el pueblo, Tres Martínez: lleva abierta desde 1886, que se dice pronto.

Atún y chocolate. Los barbateños están deseosos de quitarse una asociación que les pesa, pero los datos son obstinados. En su Memoria correspondiente al ejercicio de 2016, la Fiscalía clamaba que señalaba que un 40% de las sustancias decomisadas en el país se había intervenido en la provincia de Cádiz. Del total intervenido, más de 360 toneladas, el 89% era de hachís. El pasado mes de febrero, una operación de la Guardia Civil incautó más dos toneladas de hachís en la localidad. Sólo hablando de grandes cantidades, en mayo del año pasado se hacían con una cantidad similar.

Barbate tiene un alcalde andalucista, Miguel Molina. Los andalucistas que aún resisten, bajo la denominación de Andalucía por sí (Axsí) dan un pellizco de bicho antiguo, adaptado a eras geológicas. Aunque no cuenta (es obvio) con un paraguas administrativo de gran calado bajo el que refugiarse, los vecinos parecen contentos con su gestión. “Ha defendido muy bien los intereses del pueblo. Por ejemplo, en el tema de Cabo de Plata, que fue muy complicado”, comenta María desde su puesto de la plaza de Abastos. Lo que parece bastante claro es que volverá a salir. El tema del Cabo de Plata remite a la primera edición del Festival Cabo de Plata, en 2016, que se celebró con sendas denuncias interpuestas tanto por parte de la Junta como de Ecologistas en Acción: los primeros acusaban al alcalde de prevaricación, ya que el encuentro no contaba con todos los permisos requeridos; los segundos protestaban por el daño que suponía para el Parque Natural de la Breña. El festival se ha seguido celebrando estos años y cumple a finales del próximo mes de julio su cuarta convocatoria.

A la próxima cita con las urnas también se presenta el grupo Gente de Zahara (GDZ), formación que se constituyó hace ocho años para velar por los intereses zahareños. Zahara y Los Caños, en fin. Las playas de Madrid son espectaculares. Nadie parece conocer a Andrea Pérez, la candidata que se ha presentado por Vox en ex Barbate de Franco. “Miramos la foto por curiosidad, pero no nos sonaba de nada”, dicen el mercado.

En la calle, hay opiniones encontradas respecto a la repercusión directa que dos focos tan potentes a nivel de turismo puedan tener en Barbate. Hay quien apunta que habría que reforzar infraestructuras y viviendas para que Barbate pudiera venderse también como opción. Tomando un café en uno de los bares de las plaza de abastos, charla una familia de Gales. La atracción del atún y el foco en el que se han convertido las playas cercanas ha de hacerse notar. Y no sólo en sangre: “En la economía influyen también las licencias de apertura, los impuestos sobre las barras, sobre venta de tabaco... Aunque sabemos que todo está limitado a una estacionalidad muy marcada, no se puede negar el poder de atracción que tienen, llaman a mucha gente”, comenta Javier, que apunta una cuestión interesante: la de la propia imagen. “De tanto repetirnos que todo es un desastre, que no hay opción, que aquí no hay salidas... Pues nos lo terminamos creyendo –comenta Javier, especializado en psicopedagogía–. Hemos de concienciarnos también de eso, de desterrar esa imagen de rechazo inicial. Y te lo digo porque a mí mismo me ha pasado, aunque después me haya pasado lo contrario, haya dicho: ¿es que no podemos hacer cosas más allá del cliché?”. Por eso es esencial, asume, que las propuestas de desarrollo pasen por aspectos educativos, sociales y de potenciación de las iniciativas culturales.

Javier habla también de la gestión de la considerable deuda del ayuntamiento barbateño, una situación debida en gran parte a “problemas de recaudación y necesidad de subvenciones de la Junta”. Aunque este año, desde el propio ayuntamiento, se anunciaba una mejora sustancial en la recaudación, las arcas de Barbate eran de doble fondo y también estaban vacías. En 2013, salió a la luz que la deuda del consistorio rozaba los 26 millones de euros. Una administración, además, de plantilla abultada en un tejido social de paro rampante. Un dato que, no por asumido, deja de ser menos grave: las cifras de desempleo superan el 39% según el último informe del Instituto de Estadística y Cartografía de la Junta.

“Digamos que estamos un poco mejor, ¿no?”, comentan en la oficina de desempleo sobre la gestión de Miguel Molina. Tampoco nadie parece conocer a Andrea Pérez.

“¿Qué está pasando aquí? No pueden hacer entrevistas”, dice el segurata. Anda, nuestro primer “dispérsense”. No estamos grabando, no estamos haciendo fotos, pero nos vamos.

“Si quieres saber de Vox –me dicen–, pregúntale a él. Es buena gente, ¿eh?”.

Al final, no le pregunté. 

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