'La chusma selecta' | Comparsa de Martínez Ares La 'arestocracia' de barrio

  • La comparsa de Antonio Martínez Ares, ‘La chusma selecta’, prepara sus intrigas carnavaleras en su tradicional ‘palacete’ de la calle de la Rosa

Uno de los integrantes de 'La chusma selecta', con los maquilladores de Camerino. Uno de los integrantes de 'La chusma selecta', con los maquilladores de Camerino.

Uno de los integrantes de 'La chusma selecta', con los maquilladores de Camerino. / Julio González

Por allá, colgando como cuadros de las paredes, finas casacas en seda, brocados, motivos vegetales. Por acá, dispersos en las mesas, ostentosos sombreros de plumas de colores vivos, brillos, pelucas perfectamente peinadas. Se cruzan las caras empolvadas, algunas con un provocador lunar, otras con finos bigotes, o con elegantes perillas, en el palacete de esta arestocracia de barrio, más casanoviana que los personajes de la canción de Serrat, pero, quizás, con la misma alma que esos “tahúres, supersticiosos, charlatanes y orgullosos...” a los que cantaba el catalán. Arestocracia, ojo, de Antonio Martínez Ares, que viene a ser el paralelismo de aquella chusma selecta a la que dirigía sus coplas el queridísimo enemigo Juan Carlos Aragón.

En ellos, en esa reinterpretación del aficionado ideada por el hijo pródigo del Carnaval, se transmutan los comparsistas que este año han convertido la Asociación Provincial de Pensionistas y Jubilados de la calle de la Rosa en una auténtica casa señorial en la que acicalarse y prepararse antes del esperado estreno.

‘La chusma selecta’, la nueva comparsa del eterno Niño, tomaba forma desde las dos de la tarde de un día, el de este jueves, que Martínez Ares vive “con la misma ilusión que el Día de Reyes”.

Juan Gamaza, caja de 'La chusma selecta', con su madre, Candelaria. Juan Gamaza, caja de 'La chusma selecta', con su madre, Candelaria.

Juan Gamaza, caja de 'La chusma selecta', con su madre, Candelaria. / Julio González

“Para mí es el mejor día del año, carnavalescamente hablando. No se puede comparar a ningún otro, todas las posibilidades están abiertas hoy, todo puede ser y todo puede pasar. Me encantan los días de estreno”, se recrea el autor que se fija en las hechuras de un noble de una corte –bien podría ser francesa o inglesa o italiana de los siglos XVII y XVIII– para esta creativa alegoría “del aficionado” al que homenajean con esta comparsa, según su hombre de confianza, Rafael Velázquez que opina que Antonio “se ha vuelto a salir” en esta nueva creación, “ha dado una nueva vuelta de tuerca”.

Un nuevo giro –al concepto y al pasodoble– que “ha costado”, reconoce Martínez Ares. “Ha sido un año difícil, complicado, en el que he tenido que pelearme mucho con el repertorio, abrirme paso a codazos, a veces creía que iba a poder conmigo, he tenido que parar, volver a retomarlo, parar... De hecho, ¡todavía me queda la vida!”, confiesa el autor que la misma mañana del día del debut, se ha levantado “a las seis de la mañana” para “seguir trabajando”.

Con todo, el compositor, que viene a revalidar la gloria de ‘Los carnívales’, para sacar adelante su chusma selecta fijó su mirada en el niño que fue. En el pequeño que se enfundaba el tipo de su padre de ‘Los fabulistas’ y, con él puesto, se sentía “grande, enorme, alguien importante...” Y desde esa sensación se construye esta especie de “arestrocracia de barrio”, esta chusma selecta, “tránsfugas independientes, mejorando a los presentes”, que diría Serrat...

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