La regata menguante. Por Fernando Santiago

15 de julio 2016 - 07:43

En una ciudad tan dada a la melancolía , la gente tiende a pensar que lo de antes fue mejor . En unos días el puerto de Cádiz servirá para que atraquen un grupo de 41 veleros, 24 de los cuales son de la llamada Clase A , que son los de alto porte y varios mástiles. Entre otros vendrán el “Cuautemoc”, el “Américo Vespucci”, el “Simón Bolívar”, el “Mir” y el “Humbolt” con sus velas verdes. Es una iniciativa tan interesante que Cádiz debería ser escala anual de una regata similar, como reúne Brest una concentración llamada Velas de la Libertad. Ver esos grandes veleros nos hace imaginarnos lo que debió ser el Cádiz de los siglos XVIII y XIX. En torno a la concentración de veleros se forma una pequeña feria con actuaciones musicales y los consabidos chiringuitos, los dos elementos que añadimos aquí a cada evento . Es la sexta vez en 25 años que la ciudad de Cádiz acoge una gran regata y tengo para mí que cada año es más pequeña que la anterior. El extraño caso de la regata menguante. Si en la Gran Regata Colón 92 vinieron 200 veleros de las tres clases, en esta vamos a tener 41, la quinta parte. Si aquella vez hubo tal aglomeración de visitantes que fue necesario cortar los accesos a la ciudad y poner un intercambiador en La Cabezuela, ahora no creo que se reúna más gente que en un día de carnaval. Es la triste realidad de las cosas que se hacen con escaso entusiasmo o poca capacidad. No estoy en condiciones de decir quién es el responsable de que sea un evento cada vez más pequeño pero es la constatación de un hecho. Nos hemos agarrado al recuerdo de la Colón 92 y este año no va a venir ni siquiera el Juan Sebastián de Elcano, atracado en La Carraca con no sé qué reparación, aunque igual los marinos se sintieron ofendidos cuando el alcalde fue vestido de aquella manera a la despedida del buque escuela. Será un bonito espectáculo pero todo habrá encogido con respecto a la de hace 24 años. El caso es que no sé si habrá fiestas para guardiamarinas donde las mocitas gaditanas terminen ennoviadas con muchachos de uniforme, que ya se sabe lo que gusta en Cádiz un uniforme, un baile y una fiesta donde sacar a relucir las mejores galas. Ya no habrá una batucada como las que hacía la tripulación del “Capitán Miranda”. No estará ni el “Sagres”, ni el “Esmeralda”(¿el desaire del alcalde?), ni el “Libertad”, por decir algunos que siempre vinieron. Ni siquiera los tripulantes rusos servirán para el cachondeo “yo soy ruso, y vengo a tu casamiento, a comerme las canastillas, que tienen atún por dentro”. Fernando Santiago

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