La mala reputación. Por Fernando Santiago
LA MALA REPUTACIÓN
Ir a contracorriente es muy cansado. Lo fácil es ponerse siempre donde está la mayoría, sea en política o en la vida . Es más cómodo dejarse llevar, estar con el poder, ir con la corriente , decir amén a lo que todos hacen o dicen. Si hay que bautizar al niño, se le bautiza. Si hay que casarse por la Iglesia, se casa uno ante un cura. Si hay que llevar al niño a un colegio religioso, se lleva, aunque no sea creyente. En Cádiz es mucho más fácil: se hace uno del Cádiz por el mero hecho de que ha nacido o vive aquí y como todos los vecinos y compañeros son cadistas, se pone en el rebaño y ya está. Se apunta a una cofradía como seña inequívoca de identidad. Y sigue por Onda Cádiz el carnaval, algún día que otro a la calle e incluso se aprende algún pasodoble. Así te dan el pasaporte gaditano que te permite sentirte bien porque haces lo que todo el mundo. Lo complicado es vivir fuera del rebaño, ahí te puede llover una catarata de insultos . Ha pasado toda la vida, solo que ahora el anonimato y las redes sociales hacen que estés más expuesto a los improperios . Como cantaba George Brassens y versionó en español Paco Ibáñez “a la gente no le gusta que uno tenga su propia fe”. Así que el consejo mejor que se le puede dar a quien venga a Cádiz es que se haga de Las Tres Cés, y a uno de Cádiz, que haga vida social y sea gracioso, caso contrario tendrá la mala reputación que da nombre a la canción. Por ejemplo: es inconcebible ser abstemio, te miran como si tuvieras alguna enfermedad infecto contagiosa, todos hacen la misma broma de que no hay que fiarse del que no bebe cuando en realidad es al contrario: los abstemios podemos conducir sin problema, no decimos tonterías fuera de sitio, no nos desinhibimos ni nos volvemos espontáneos, no le contamos nuestra vida al primero que pasa, esas cosas que le ocurren a los bebedores. Para qué hablar de la vida social. Hay gente que les encanta la vida en los bares, los actos sociales de todo tipo, se apuntan a una inauguración de lo que haga falta, a un acto de una peña, al curso de verano más inverosímil ofrecido por cualquier que se llama a sí mismo investigador, a una fiesta de camisas. Por supuesto, hay que ser adicto a las croquetadas. En una ciudad tan pequeña en los actos sociales están siempre los mismos, los que se aburren en su casa porque no les gusta la lectura, por decir algo. Leer es incompatible con la vida social. Así que desde aquí voy a reivindicar a los abstemios y a los asociales. También tenemos derecho a vivir sin que nadie nos mire por encima del hombro. Llega el verano y se acumula el trabajo de rechazar almuerzos, cenas , despedidas, camisas , homenajes, reencuentros y todas las excusas disponibles. Dejadnos vivir fuera del rebaño.
Fernando Santiago
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