El Señor Smith. Por Anton Haidl
El señor Smith (Reflexiones de un espectador) “Sin espectadores no hay teatro” suele recordarme un amigo actor y por ello, también, me siento con ánimo de poner sobre el papel mis reflexiones después de ver "El señor Smith" en La Central Lechera de Cádiz el día 13 de marzo del 2021. La obra es una pieza en un acto de unos 70 minutos de duración que se desarrolla en el estudio de un pintor (José M. Vigo Leon) que recibe la visita sorpresiva de una amiga de su juventud (Eva Delgado), porque ella se ha tenido que desplazar al pueblo natal de ambos para declarar en el juicio contra el Sr. Smith (Pedro López Raya), un personaje siniestro que había abusado de ambos cuando eran adolescentes. El diálogo entre ambos lo interrumpe, cada cierto tiempo, la aparición en escena del Sr. Smith, de cuyos recuerdos son incapaces de librarse, a pesar de los más de veinte años transcurridos. La dirección de la obra es la ópera prima de la actriz Carmen Reiné, que logra captar la atención del espectador desde el primer momento con medios audiovisuales y decorados sencillos, pero certeros y que consigue que los actores desarrollen todo su potencial dramático. Entre los tres, y sin menospreciar a ninguno, destaca Pedro López Raya, que da vida al Señor Smith y que adopta y representa con maestría las distintas facetas de la personalidad de ese psicópata. La estructura de la obra, escrita por Palma Medina, puede reclamar cierta originalidad por intercalar en el diálogo las apariciones del Señor Smith, que no es tanto un fantasma en el sentido tradicional, sino, más bien, la proyección de las secuelas que han dejado los abusos sufridos en las mentes y la personalidad de sus víctimas. No obstante, y en opinión de este espectador, el guion no aprovecha todo el potencial que este planteamiento inicial podría haber ofrecido. Si alguien escribe sobre un tema desgraciadamente aún muy actual, como es el abuso a menores, no se debería limitar a describir, sin más, el sufrimiento y los traumas de las víctimas. Podría ofrecer maneras de superarlos, por ejemplo mediante el humor, que es una receta antigua y eficaz. Así, las victimas, en vez de escuchar cabizbajos los recuerdos de ese monstruo, que aún les rondan por sus cabezas, la autora podría haber puesto en sus bocas respuestas, respuestas desafiantes, valientes, capaces de provocar risa y por ende una catarsis. Creo que también los espectadores se lo habríamos agradecido. AHD
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