Recomendaciones para cuando acabe el apocalipsis. Grecia. FSM
Que me perdone Manolo Muñoz Fossati pero no le veo mucho interés a Grecia. Está cerca, es barato,se come bien, la gente es amable y tiene muchas ruinas, para los que les gusten. Pare usted de contar. Igual es que tengo el paladar como la lija del 7, no sé apreciar la situleza del país, las maravillas que ofrece o la historia clásica, pero desde que fui hace 35 años no he sentido el deseo de volver. Rarezas mías, porque si un tipo culto como Manolo se ha quedado enganchado debe ser por algún motivo que un gachó zafio como yo no sabe desentrañar. Fui cuando la política griega giraba en torno a Andreas Papandreu, el viejo líder del PASOC, el partido socialista hoy en la insignificancia arrastrado por el torbellino de la crisis política y económica de 2008 y por las dudas de su hijo Yorgos, que llegó a primer ministro y descubrió las mentiras que había estado contando el partido de la derecha, Nueva Democracia, ahora en el poder, lo que fue la hecatombe. Luego llegó Alexis Tsipras, de Syriza, ese partido hermano de Podemos que venía a reformar la política europea, incluso Yannis Varoufakis iba a cambiar el mundo a bordo de su moto de alta cilindrada y su ático en Atenas. Al final a ambos se los llevó un tornado. Tispras convocó un referéndum contra la troika europea y las medidas de austeridad que tanto daño han hecho, lo ganó y luego incumplió lo que dijo la gente para aplicar las medidas impuestas por la UE y el FMI. Cosas de la política. Gobernó durante años apoyado por un pequeño partido ultraderechista, soportó la oleada de emigrantes y terminó su mandato con un buen resultado en las urnas para encabezar la oposición. Podemos se desmarcó del pobre de Tispras y la derecha vuelve a estar en el poder. Ahora todo el mundo cita a Grecia como lo que no hay que hacer, al menos eso hemos aprendido. Manolo presumía de que los griegos nos estaban dando una lección a los españoles rechazando la austeridad, el tiempo demostró que no era verdad. Los pobres griegos sufrieron como nadie, ni lección ni leche migá. Fuimos en coche de Cádiz a Estambul pasando por Yugoeslavia y Bulgaria. Atravesamos una de las fronteras más calientes de Europa, la que divide a Turquía y Grecia. Y atravesamos toda Grecia en unas carreteras infames con unas infraestructuras del tercer mundo. Andres Papandreu era una leyenda de la izquierda. Había desafiado a la Internacional Socialista creando la Conferencia Socialista del Mediterráneo donde estaban los laboristas malteses (Dom Mintoff), la Siria de Hafed El Assad, el Irak de Sadam, la Libia de Gaddafi, y el PSA de Rojas Marcos. El dinero libio inundaba esos partidos, hacían cola en Trípoli para recibir dinero (Javier Aroca sabe bien ) junto con otros partidos radicales del mundo. Aquel verano hacía un calor de muerte. Recuerdo en Tesalónica que por poco nos da algo, y eso que éramos jóvenes y fuertes. Tengo que reconocer que lo que más me gustó de Grecia fue Meteora y sus templos en lo alto de esos montes. Me hubiera gustado ir al Monte Athos, pero por aquella época solo podían entrar hombres después de una farragosa tramitación, así que la cosa quedó en un deseo. Por supuesto la Acrópolis es un lugar maravilloso, único en el mundo. De Atenas solo recuerdo con agrado eso y el barrio de Plaka, ya entonces machacado por el turismo. El resto de la ciudad me pareció agresiva, contaminada y sucia, sin interés. Rarezas mías. Como éramos pobres solo fuimos a la isla de Egina, que se podía visitar en un día. Igual en Creta o Santorini hay unas maravillas que no pudimos ver. Por supuesto Delfos puede impresionar por lo que representa no por lo que muestra, el teatro de Epidauro es sencillamente espectacular, Micenas es muy interesante también por lo que supuso en la historia, el cabo Sunión al amanecer y Olimpia. Grecia es para los amantes de las ruinas y para los frikis de la historia antigua. El útlimo día en Grecia, en el camping de Patrás donde nos disponíamos a coger un ferry que nos llevase a Brindisi, hicimos una tortilla española que aromatizó a todos los que allí estaban. Una especie de himno español sin el lo,lo,lo,lo. Fue nuestra despedida del país antes de tomar el barco de Agapitos Lines que nos trasladó a Italia en medio de un vendaval donde echamos los higadillos por la boca, pero esa es otra historia.
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