A Pepe Baena le hierve la sangre. Desde hoy en La Quilla.
A pesar de su juventud tiene una sólida formación autodidacta y un dominio técnico encomiables. Cuando usa estos ingredientes para componer los paisajes que le han visto crecer y que lleva en lo más profundo de sus retinas lo hace con oficio, como un trabajador del arte, como un luchador incansable. Pepe que tiene muy pocos condicionantes o ninguno tiene una obra que me ha cautivado desde sus principios. Es como un niño que necesita calle, carreteras, playas, en ellas atrapa la temperatura de la luz de amaneceres y atardeceres, si, lo hace “ insitu” Los interiores tienen mucha humedad y se le quedan lacios los pinceles. Esta humilde opinión mía, es un valor añadido, porque yo mismo represento a cualquier gaditano que pueda colocarse delante de alguna de sus obras y que no podrá hacer otra cosa que admirarla, con suerte, podrá cargar con esas luces de tan variadas temperaturas de color hasta su casa y disfrutarla en el rincón favorito de su hogar. Cuando Pepe se pone manos a la obra, sopla largo, tan largo que ahuyenta a las mismísimas tinieblas y nos deja solos ante estas luces que convierten cada cuadro suyo en una llamarada de ágiles trazos en paisajes limpios donde a uno le gustaría pasarse la vida como un elegido. Paco Leal.
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