Manifiesto contra mí mismo. Por Fernando Santiago

MANIFIESTO CONTRA MÍ MISMO

Soy un pringao. Ni siquiera mi papel como adalid del siesismo gaditano (somos mayoría, digan lo que digan) me permite triunfar en Cádiz, bien es verdad que nadie es profeta en su tierra. No soy ni he sido nunca socio del Cádiz, a lo más que llegué fue a suscribir acciones cuando el club parecía que iba a desaparecer (cosa que por otra parte hicimos una minoría, ninguno de los que ahora gritan contra Vizcaíno). Por lo tanto no fui con mi padre al estadio ni vi nunca al Cádiz contra el Mármoles Macael como han hecho unas 200 mil personas por lo que se ve. No he sido nunca de cofradía alguna, ni siquiera salí en el Nazareno cuando fui concejal, cosa que parece gustarle mucho a los ediles de todos los partidos (excluyamos aquí a los de IU). No he cantado nunca en el Falla, ni delante ni detrás, ni siquiera he salido de postulante o me han llamado para hacer de extra en alguna presentación. Tampoco he hecho bulto en ningún pregón ni he salido en carroza alguna. No he sido Rey Mago , ni Cartero Real ni Estrello de Oriente (valga el lenguaje inclusivo), ni siquiera he ido jamás a la cena de los Reyes Magos, aunque bien es verdad que nunca me han invitado. No soy del Club Náutico, reducto de la clase media aspiracional gaditana, me mareo al navegar y las piscinas me parecen un despilfarro de agua y una porquería donde se mea todo el mundo. Mi hija fue siempre a centros públicos así que no tengo vínculo alguno con San Felipe, Las Esclavas, Argantonio y demás. No soy de ninguna academia, ni la de Bellas Artes de infausta dirección, ni de la Hispanoamericana, carezco de méritos y de chaqué para formar parte de tan selectas entidades. No soy del Ateneo por lo que jamás he dado una charla en ese lugar, en realidad nunca he dado conferencias. Nunca he sido del Casino, líbreme dios, así que veré su desaparición con regocijo desde la lejanía. Nunca fui del Club de Tenis, de hecho no he jugado al tenis en mi vida. No jugué en las secciones inferiores del Cádiz ni en el Panamá, ni el Santo Cristo ni cualquier otro equipo de aficionados de la ciudad que iban al Complejo cuando era de zahorra. No soy hijo predilecto ni me dieron jamás ningún reconocimiento municipal. No me han dado ninguna Mojarrita ni un premio del Bar la Casapuerta. Soy lo que los americanos llaman un outsider, un excluido, un paria, un don nadie. En resumen, un pringao. Así como siesos creo que somos la amplia mayoría de los gaditanos, mi nivel de pringao llega a unos límites inalcanzables para cualquier gaditano residente en la capital, en la Ardila, en el Novo, en Vistahermosa o en Casines. Soy imbatible. Cuánta razón tienen mis enemigos, bienaventurados porque de ellos serán los contratos municipales.

Fernando Santiago

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